viernes, 2 de diciembre de 2011

Cercana lejanía...

Coloco bruscamente la taza de café sobre la mesa. Casi desinteresado con la esperanza de romperla, como olvidada, para que tengas la suficiente valentía de revolver el cianuro que tanto anhelas. Pero no lo haces eres hermosamente cobarde. Quieres estar conmigo, por eso no te has ido, pero ya olvidé hace cuánto no nos sentamos a conversar. Miro por una ventana sin paisaje que solo trae malos recuerdos. Me siento en un sillón sin clase que trae malos recuerdos. Miro aquel cuadro sin firma y solo tengo más malos recuerdos. Afligido me levanto a recoger la taza. Un café frío y sin azúcar pasa por mi garganta y dos o tres sorbos más, desaparece la insípida bebida. Entro a una desarreglada cocina que solo trae malos recuerdos. Coloco sobre la torre de trastes sucios el último que aparentemente estaba limpio. De un giro dejo la mugre detrás y atravieso el pasillo lentamente, un pasillo que trae recuerdos. Me cruzo contigo y parece que voy a tocarte para ver si reaccionas, pero sencillamente no puedo.
Termino de recoger mis cosas para salir. Tal vez te despidas de mí con un cálido beso. Llego a la sala y ya no estás. Pasa un día como cualquier otro de oficina. Sonriendo por educación para no decir que por hipocresía, aparentando ser feliz, aparentando que no pasa nada, aparentando no afectarme, aparentando absurdas apariencias. Cansado ya de aparentar regreso al sitio donde puedo ser yo mismo, al sitio donde puedo estar más cerca de ti. Regreso a mi anacrónica prisión. Cuatro paredes tipo loft que encierran a este pobre tipo y la locura de vivir contigo. Agotado y desvelado busco un espacio para descansar pero es imposible contigo aquí. No puedo siquiera intentar dormir pensando que estás dando vueltas por ahí. Que me olvidas en el rincón de los recuerdos para no olvidarme del todo. Que puedes ser tan fría y tan letal como depredador hambriento. Que puedes acabar conmigo en un segundo y darme vida en el siguiente si tan solo me hablas. Poco a poco pierdo la razón y crees todavía que no pasa nada.
El tiempo nada cura, no perdona y cada segundo asegura una tumba. Es un infierno estar así contigo, pero estar lejos me daña, me destruye, me aniquila. Cuánto diera porque el brillo de tus ojos de nuevo me iluminara, porque tu deliciosa boca me besara y porque en un abrazo interminable todo fuese como antes. Prefiero que me odies, pero por favor no me ignores porque duele más la indiferencia que el odio que surge, como en un paso del amor. Tócame con la piedad de tu odio, pero no me abandones en la demencia de tenerte y no tenerte. Yo sé que el daño es irreversible, pero también sé que daña más aquí que allá. Explícame cómo abandono el vicio de quererte, devuélveme mi orgullo y si se te antoja la fuerza para olvidarte. Aunque pensándolo mejor no lo hagas, porque al final para mi quererte es irremediable. Otro soliloquio, nocturno, termino y como alma en pena recorro el pasillo lleno de recuerdos, el cuarto lleno de recuerdos, la cama llena de recuerdos, para al final caer en la cuenta que solo eres un fantasma.