viernes, 22 de febrero de 2013

La Venus Del Espejo



La soledad es el enemigo más grande de la mujer y a su vez, el amigo más peligroso que pueda tener. Es en ella misma, la falta de razón que perturba la salud del pensamiento de quien sea su fiel aliado. Desolada, perturbada y hermosa vive Luciana. Una casa antigua de su pertenencia es el escondite perfecto para ella hace más de 20 años. Sola y muy bien acompañada recorre los pasillos y los rincones de su palacio imaginario, deteniéndose en cada espejo para deleitarse en su propia belleza. Por poco narcisa, por poco perfecta, por poco enamorada de ella misma pasa hora tras hora de sus días contemplándose.

Cada mañana entra a la cocina con afán de preparar las dos tazas de café que sirven de consuelo y alimento para Augusto y para ella. Perfecto, casi como ella; de piel blanca, casi como la de ella; de labios rojos, casi como los de ella; de ojos profundos, casi como los de ella; de apariencia casi como la de ella no prueba ni un sorbo del café, solo se sienta a contemplar la belleza de Luciana hasta que la silla queda vacía. Misteriosamente jamás han cruzado palabra, solo compañía. Misteriosamente nadie jamás le ha visto excepto ella. Misteriosamente no vive, únicamente lo hace para ella.

Se levanta de la mesa urgida y ansiosa de recorrer espejo por espejo de su casa, pero su cotidiano ritual no comienza hasta que entre en su cuarto y pose desnuda ante su más grande amor. Lentamente desprende su vestido y lo deja caer de arriba hacia abajo. Su piel, como de durazno, queda expuesta. Se recuesta y pareciera que hasta los ángeles le ayudaran. 

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Toma aire, se sonríe, abre los ojos para mirarse y entre un borroso reflejo despierta a la realidad. La soledad le ha robado la cordura.

viernes, 8 de febrero de 2013

Todo Da Igual



Lentamente caminaba por las oscuras calles de la ciudad que lo vio crecer. Lentamente suspiraba entre los reflejos de las luces en los charcos de un pavimento mojado, lenta pero desesperadamente lo hacía como quien toma aire luchando por no ahogarse tras naufragar. Lentamente trata de convencerse de no morir, de no vivir, de pensar, de no pensar, de no cruzar al otro lado. Buscaba donde escampar de tanto llanto, una trinchera para resguardarse de tanto dolor. Pero qué inútil intentar cuando ni siquiera el corazón tiene suficiente fuerza para palpitar.


Detenido, nota que sin darse cuenta ha caminado más calles esa noche que en toda su vida. Lejos del chofer y del aire acondicionado de su coche último modelo, lejos de su familia y su trabajo, lejos de la gente, lejos del sudor, lejos de la lejanía misma busca encontrarse con algo o alguien que le devuelva la vida. Tal vez solo necesite encontrarse consigo mismo. Paralizado como el árbol que lo acompaña, ni la lluvia ni el viento en su cara lo hacen recuperar la cordura.


Por qué tanto dolor sería necesario, ó, por qué tanto dolor resultaría innecesario. Por qué damos vueltas inútiles alrededor de un sol al que no le importamos, por qué seguimos ahí parados bajo una luna que solo nos mira para burlarse. Por qué la gente a su alrededor se espanta, por qué los que logran verlo no se compadecen. Qué tiene en su cara que no produce ni lástima.


Ahí, aquí o allá todo es lo mismo, el mismo lugar, el mismo círculo infinito de desgracias y alegrías. Llanto o sonrisa, todo da igual. Lluvia o sol, todo da igual. Miedo o certeza, todo da igual. Todo da igual para el alma de quien acaba de morir.