Desvelado y casi inconsciente a
la vez trata de componerse para conciliar el sueño. Ese eterno debate que le
complica la cabeza, que lo trastorna, que lo acompleja y que lo aturde, es el
culpable de su eterna noche sin dormir. Esos estúpidos recuerdos que alegran, frustran
y entristecen. Esos estúpidos recuerdos que se disfrutan como se disfruta el
tormento. No importa cuántas vueltas de en la cama, solo el sonido de su voz
será el calmante necesario para poder descansar. Descansar de su ausencia,
descansar de su compañía, descansar de la angustia y tal vez, si la vida se
apiada, descansar eternamente en paz.
Cuántas veces puede una persona
suspirar antes de hiperventilarse. Cuántas veces puede tapar los gemidos de su
alma con la almohada antes de desfallecer. Cuántas veces cuentas las arritmias
de un corazón enfermo de amor. Cuánto será el cuánto necesario para que la
cordura vuelva en sí. No hay límites para el dolor, no hay límites para la angustia,
ni siquiera hay límites para el rencor.
Ahí casi inertes yacen los sueños
de los amores imposibles, amores inciertos de vidas inciertas. Amores posibles
de amantes imposibles. Ahí en el fondo del alma agoniza entre vacilaciones la fe
en la luz de una mirada. Reposan inmóviles las palabras dichas que jamás
regresarán pero se agitan las imaginarias que nunca se escucharon. Esas que nunca
se oyeron porque nunca se tuvo suficiente fortaleza para decirlas.
Esos estúpidos recuerdos son la
culpa y la gloria de quien los vive. Esos estúpidos recuerdos que hacen que
siempre contestes el saludo de quién juraste nunca volver a saludar. Estúpidos
recuerdos que te hacen agua los ojos, que te cuestionan y torturan, que te
hacen esclavos de la libertad.
Pero qué tan estúpido es un
recuerdo que no aparece solo. Es acaso más estúpido el estúpido que se dedica a
recordar, entre los estúpidos recuerdos que hacen que seas el estúpido en
verdad. Una descarga de total estupidez que carga sobre la espalda del estúpido
todo el peso de sí misma. Esclavo de tus ojos y de tu piel, esclavo de tu boca
y los besos que no diste, esclavo de la estupidez que te recuerda.
Cuando muere la esperanza, mueren
los sueños y con ellos la ilusión. Cuando muere el futuro solo queda el pasado
de quien se dedica a recordar. Y cuando tu presente deja de ser un regalo y se
vuelve un suplicio, solo queda el pasado para refugiarse. Como todos sabemos,
el pasado ya no está, excepto cuando lo guardas en estúpidos recuerdos.