martes, 14 de mayo de 2013

Estúpidos recuerdos


Desvelado y casi inconsciente a la vez trata de componerse para conciliar el sueño. Ese eterno debate que le complica la cabeza, que lo trastorna, que lo acompleja y que lo aturde, es el culpable de su eterna noche sin dormir. Esos estúpidos recuerdos que alegran, frustran y entristecen. Esos estúpidos recuerdos que se disfrutan como se disfruta el tormento. No importa cuántas vueltas de en la cama, solo el sonido de su voz será el calmante necesario para poder descansar. Descansar de su ausencia, descansar de su compañía, descansar de la angustia y tal vez, si la vida se apiada, descansar eternamente en paz.

Cuántas veces puede una persona suspirar antes de hiperventilarse. Cuántas veces puede tapar los gemidos de su alma con la almohada antes de desfallecer. Cuántas veces cuentas las arritmias de un corazón enfermo de amor. Cuánto será el cuánto necesario para que la cordura vuelva en sí. No hay límites para el dolor, no hay límites para la angustia, ni siquiera hay límites para el rencor.

Ahí casi inertes yacen los sueños de los amores imposibles, amores inciertos de vidas inciertas. Amores posibles de amantes imposibles. Ahí en el fondo del alma agoniza entre vacilaciones la fe en la luz de una mirada. Reposan inmóviles las palabras dichas que jamás regresarán pero se agitan las imaginarias que nunca se escucharon. Esas que nunca se oyeron porque nunca se tuvo suficiente fortaleza para decirlas.

Esos estúpidos recuerdos son la culpa y la gloria de quien los vive. Esos estúpidos recuerdos que hacen que siempre contestes el saludo de quién juraste nunca volver a saludar. Estúpidos recuerdos que te hacen agua los ojos, que te cuestionan y torturan, que te hacen esclavos de la libertad.

Pero qué tan estúpido es un recuerdo que no aparece solo. Es acaso más estúpido el estúpido que se dedica a recordar, entre los estúpidos recuerdos que hacen que seas el estúpido en verdad. Una descarga de total estupidez que carga sobre la espalda del estúpido todo el peso de sí misma. Esclavo de tus ojos y de tu piel, esclavo de tu boca y los besos que no diste, esclavo de la estupidez que te recuerda.

Cuando muere la esperanza, mueren los sueños y con ellos la ilusión. Cuando muere el futuro solo queda el pasado de quien se dedica a recordar. Y cuando tu presente deja de ser un regalo y se vuelve un suplicio, solo queda el pasado para refugiarse. Como todos sabemos, el pasado ya no está, excepto cuando lo guardas en estúpidos recuerdos. 

lunes, 6 de mayo de 2013

Qué se siente ser un Stalker


Luego de pasar por una serie de sucesos desafortunados, perdón, stalkeados, empecé una lucha conmigo mismo por tratar de descubrir quién es capaz de hacer semejante canallada. Sea lo que sea, o la razón que fuese, sin importar cuántas personas bloqueara, me seguían stalkeando. No me parece gracioso y dados los últimos acontecimientos, sin tener delirio de persecución, tengo mi propio stalker. Puede ser uno, dos o mil, pero ese no es el punto. El punto es, que escribo para que me lean. Sí, para desahogarme, para rayar a algunos, para lanzar indirectas como todos, pero sobre todo para que me lean. Si no fuese así me conformaría con pensar en voz alta y no dejaría evidencia porque las palabras se las lleva el viento.

Así que como reza el dicho: “Si no puedes con tu enemigo, únete a él". Cambié mi estrategia con ellos y todo debería ser paz y amor. Pero empecé a sentirme incompleto, una vida sin conflicto no es vida. Abrir y cerrar el Twitter cada tres minutos para no leer ni una indirecta no tiene gracia. Así que contra todo precedente y contra todos mis ideales decidí volverme un stalker. Empecé muy modestamente, revisando ciertos perfiles con frecuencia. La verdad, no me cautivó mucho la cosa. Pero empecé a conectar los tuits de unos con los de otros y se abrió un universo paralelo de cabos sueltos infinitos esperando ser atados.

Tal vez tenía mi propia vida cuando empecé, pero poco a poco la fui perdiendo. Por una vez en mi existencia supe lo que era ser un completo perdedor, alguien sin vida que se mete a la web a conseguir una. Por primera vez en mi cúmulo de días conocí la idiotez, la inmadurez y la morbosidad. Ser un stalker se siente grandioso, claro, si necesitas llenar los vacíos emocionales con los romances de otros. Ahora que soy un stalker, por pasatiempo, más me quedó claro que cada cabeza es un mundo. Excepto la de los stalkers, que tienen mundos hurtados, imaginarios y vacíos.

Si me preguntaran qué se siente ser uno de ellos diría que se siente lo mejor del mundo. Quién no se sentiría bien mendigando identidad, siendo un indigente de la web, amando los amores de otros, peleando luchas ajenas y siendo un “Holmes” virtual. Si eres un stalker y estás leyendo esto, ánimo, algún día conseguirás una vida propia.