lunes, 27 de julio de 2015

Agorafobia Selectiva...

Tengo un selfie stick que ya no uso, una batería portable sin cargar y una trípode para celular en una gaveta, los tengo guardados junto a un hongo de goma y una manilla con restos de perfume. Los colecciono como suvenires y los pongo en distintos lugares para recordarme que no debo salir. “Afuera es peligroso, adentro es seguro”, es mi oración todas las mañanas y vuelvo a esconderme bajo una carpa de sábanas y cobijas que no he lavado hace más de dos meses para no borrar los restos de su esencia. Me refugio en un fuerte de recuerdos, un fuerte casi viviente de memorias palpitantes que me paralizan justo bajo el dintel de la puerta y me impiden salir como la gente normal. Claro que nunca he sido del todo normal, soy ese tipo de tipos diferente a todos los tipos que vive del romanticismo de la poesía pero igual a todos los tipos que cuando tienen al amor de su vida se portan tan mal que terminan por espantarlo. Y en esa dualidad me debato cada mañana, despertando en medio de quien quiero ser y del que tú quisieras. Repito la misma rutina, todos los días a la misma hora, una alarma en el celular, otra en el reloj, las pospongo tres veces cada una hasta que se me hace tarde y luego debo correr. De un salto llego a la ducha, jabón y champú en la misma ronda para ahorrar tiempo y agua y me pongo, sin planchar, cualquier prenda limpia de mi armario. Me visto los mismos zapatos sucios de todos los días e intento salir, pero algo me lo impide: soy agorafóbico.

Según el diccionario la agorafobia es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a las situaciones cuya evitación es difícil o embarazosa y de acuerdo con la etimología de la palabra, la agorafobia está especialmente relacionada con el temor intenso a los espacios abiertos o públicos en los que pueden presentarse aglomeraciones. No estoy loco como dice mi familia, créanme, lo he hablado por varias semanas con mi terapeuta. Lo que no hemos podido esclarecer es el tipo de agorafobia tan particular que padezco, porque existe una clara diferencia en salir a ciertos lugares y a otros, entendiendo “otros lugares” como sitios donde el fatídico destino, despiadado y burlón la cruce en mi camino. Sí, podría decirse que soy un agorafóbico selectivo, que no tolero la idea de salir a la calle y verla con él porque cuando eso pasa se apoderan de mí la taquicardia, los temblores, astenia náuseas y mareos. Yo sé que ustedes me entienden, que no soy el único loco sobre la faz de la tierra que se paraliza cuando eso pasa. 

Por eso aquí vivo, inmóvil e inmutable, perdido en una anacronía casi sistemática con segundos que avanzan y se detienen cada vez que te recuerdo, la clave morse de mi amor que a gritos te necesita. Esperando que pase el tiempo para volver a tener una oportunidad y aunque sé que la gente se deja para después, después no está, trato de confortarme en mi castillo imaginario, rogando al cielo por piedad para acabar este dolor que me consume, pidiéndole a la tierra que gire al revés, que gire hacia atrás para volverte a ver aunque sea una sola vez, que gire lo suficiente hasta llegar, si es necesario, al día antes de conocerte para no volverlo a hacer. Pero este destino me ligó a ti y ahora no te quiero soltar, no puedo avanzar más, ni siquiera pueda salir de la puerta de mi casa por el temor que me produce ver que sigo creyendo que eres para mí mientras tú sonríes con alguien más, mientras eres feliz. Por eso decidí escribir, este es mi mensaje en la botella y lo escribo desde la isla del olvido después de haber naufragado en el mar de tu desprecio. Se alguien me lee y me ve titubear para salir, no me juzguen, no se burlen, sufro de una rara patología que entorpece mis sueños y me arrebata la alegría. No es una tuza como algunos dicen, no es un desamor, no es que "mucho amor pudo matarme" después de todo, es que soy un agorafóbico selectivo.

lunes, 20 de julio de 2015

No se parece a mí

Jamás había escuchado una estupidez tan grande en mi vida, ¿cómo que se parece a mí? En lo más mínimo se acerca un poco a quien soy. Si te paras a detallar notas que algo le falta, solo que aún no descifro bien qué es. Puede ser la sonrisa, este monigote no tiene sonrisa y yo siempre sonrío, por favor, si todos saben que nadie sonríe como yo. Sonrío aun cuando debiera llorar. La sonrisa es algo característico en mí, cómo vas a decir que se parece a mí si ni siquiera sonríe. Recuerda la primera vez que te fuiste y cómo sentí que el mundo desaparecía, que no iba a volver a amar, que no lo iba a superar jamás y sin embargo sonreía. Esta caricatura mal pintada no tiene sonrisa, es imposible que se parezca a mí. Y ni hablar de los ojos. Esos ojos sin brillo, sin esperanza, no son como mis ojos. Yo nunca pierdo la esperanza. Recuerda cuando caminabas agarrada de la mano de él y yo no dejaba de creer que ibas a volver conmigo, que no importaba el tiempo si estábamos destinados tendrías que regresar. Pues eso es esperanza pura y esos ojos no tienen la esperanza de los míos. Cualquier taxidermista estaría orgulloso de ellos pero simplemente es tonto creer que esos ojos inertes sean como los míos. 

No puedo creer que insistas en que nos parecemos, es que no tiene nada de mí, mira sus manos, están vacías y en las mías siempre habían regalos para ti. Alguna nota, algún detalle de esos cursis que sabes que me encanta darte. Vienen sin helado, sin postre ¡eso es! No se parece a mí porque no tiene ningún postre en las manos, sólo veo heridas mal cuidadas, cicatrices de mil espinas, pero no veo nada más. Esto ya me está hartando, en serio que no le encuentro sentido. Qué gran esfuerzo por conseguirle la misma ropa vieja que tengo puesta pero dejemos la tontería y vámonos de aquí. En serio que no quiero ver más esto. No quiero someterme a esta tortura, compararme a esta cosa sin sueños, sin esperanza, sin motivos no es justo conmigo que siempre lo di todo. Se le nota en la cara que ha nacido para nada, yo por el contrario nací para amarte con cada latido de mi corazón, nací para cuidarte cada día de mi vida. No digas que se parece a mí porque me haces odiarlo y el misómano es él, no yo. 

No me hagas mirar más por favor, esto se está volviendo muy incómodo, me está costando respirar, no puedo creer que de verdad digas que ese esperpento soy yo porque no se parece a mí. Yo soy todo menos un fracaso, no cargo con el peso de mil pasado como él, no dejo se suspirar aún por ti, no dejo de soñar contigo, dejemos este juego para después y vamos, sigamos con nuestras vidas como si nada. Mira que ya hice de tripas corazón para seguir sonriendo, para seguir con la esperanza. No sé quién es más necio, si tú por obligarme o yo por seguir mirando. Tampoco sé qué es lo que más duele, que digas que soy yo o que este yo que me muestras tiene roto el corazón y no te ama. No se parece a mí, dejémonos de tonterías y vamos que si me haces quedarme un minuto más te juro que rompo este maldito espejo.