Tengo un problema con usted y con sus ojos que me resultan hipnóticos. Podría pasar el resto de mis días viéndolos en un atardecer, en un amanecer, bajo la lluvia y a la luz de las estrellas. Tengo un problema porque jamás había encontrado unos tan profundos, tan claros, tan expresivos que me hicieran perder la razón. Tengo un problema con sus ojos y es un problema serio, porque no logro encontrar los míos cuando trato de buscarlos. Sólo entreveo el reflejo de los suyos que me han marcado hasta el fondo del alma, que me hacen llevarla como parte de mí. Tengo un problema sin solución, solución que no busco, solución que no quiero. Y tal vez entonces, el mayor problema sea que un problema lleva a otro y sin darme cuenta resulto teniendo un problema con su boca, que me resulta irresistible y no quiero dejar de besarla. Ahora con dos problemas se supone debo aparentar que nada pasa aunque todo pasa. Miro sus ojos, deseo su boca y me olvido de todo, excepto de esa trágica sensación de saber que ahora tengo dos problemas a cuestas sin resolver, pesados como una pluma y ligeros como el viento.
Imán de problemas son los problemas que usted me
causa, por eso cuando menos lo espero resulto teniendo un problema con su pelo.
Desordenado y peinado por el viento se porta justo como quiero. Se desliza
entre mis dedos como la más fina seda y deja escapar un aroma a coco recién
rayado. Desaparezco y queda un rastro de mi alma que quiere fundirse con los
restos de su fragancia, la más pura, la más tierna. Abro los ojos y quisiera
que estuviera ahí para siempre, pero ya se ha ido. Eso hacen los dioses, se
visten de humanidad y perfección, enamoran mortales y luego se marchan a seguir
con sus labores divinas. Y ahí entre fantasía y dolor, arrebatado y dado a la
vez, termina sumándome un problema más. Su beso, más problemático y conflictivo
que los anteriores se vuelve mi adicción. Por qué la eternidad no se disfraza
de segundos y me hace creer que se va a quedar para siempre. Llevo ya cuatro
problemas en mi maleta, envueltos en un pañuelo con tu nombre, junto a una
canción sin terminar y varios poemas prestados que repito incansablemente
tratando de memorizarlos, tal vez cuando te vea, pueda robarte una sonrisa si
recito un fragmento.
Distraído paso mi tiempo mirando los carros pasar
por la calle, con la esperanza de que en un gesto de bondad pueda verla llegar.
Milagrosamente sucede, coincidimos en tiempo y en espacio como burlándonos del
cronos, le suelto el nudo al pañuelo y cuento mis problemas mientras camina
hacia mí. Tengo un problema con usted y con sus ojos; tengo un problema con
usted y con su boca; tengo un problema con usted y con su pelo; tengo un problema
con usted y con su beso. No sé si tanta belleza hizo que se me olvidara contar,
pero de cuatro que tenía conté cinco. Reviso de nuevo y efectivamente cinco suman
mis problemas con el más grave de todos, su cuerpo. Tengo un problema con usted
y con su cuerpo. Un problema grave porque quiero que sea mío, como suyo es el
mío. Mío el suyo, suyo el mío, mío y suyo, suyo y mío y en el enredo de este
laberinto que es hacer que se enamore, termine por ser mío su corazón. Sin
esfuerzo, sin temores, sin pasado, sin futuro, sólo mío como suyo es el mío,
desde que los cinco problemas se apoderaron de él. Cuando lo compraron, cuando
lo raptaron, cuando se apoderó usted de mí.
Pero no puedo evitar pensar que donde caben cinco,
caben seis y que problemas es lo que nunca sobra en la vida. Entonces descubro
que tengo un problema con usted y con sus obstinadas ganas de no quererme como
yo la quiero. Seis son en total, cinco arremeten contra mis sentidos y uno que
atenta contra mi razón. Tal vez el peor de todos los problemas es convencerme
que al final ningún problema tiene usted conmigo, míos son los que hay y suyos
los que no existen. No existe un mío el suyo como suyo el mío, mucho menos un suyo
y mío. Tengo un problema con usted, aterrador, abrumador y absurdo que agota mi
impulso. No soy de los que se retiran fácilmente, de los que desisten sin
batallar, pero mi problema con usted es más serio de lo que creo. Me paraliza,
me aturde y me anula, porque simplemente no puedo tragarme lo que siento a la
espera de que sienta. No pretendo solución, no pretendo contagiarte mis
problemas, no lo hago porque te conozco. Conozco tu firmeza, tu decisión, tu
determinación y al final sólo me encanta más. No puedo hacer más que aprender a
soportar, a sonreír con tu sonrisa, a suspirar con tu fragancia, a morir si se
te escapa un beso y a vivir con el hecho de que tengo un problema con usted.