lunes, 28 de octubre de 2013

Un monumento a mi memoria

No me he terminado de ir y siento que ya te extraño. Qué trágicas son las despedidas forzadas, qué trágicas son las muy viles. Resulta reconfortante verte con lágrimas en los ojos, al menos me hace creer que sientes el mismo dolor y que no quieres que me vaya. Pero, ¿quién más debe pagar las consecuencias de mis actos sino yo mismo? Así que empaco la maleta con la poca dignidad que me queda y todos los recuerdos de lo que viví contigo. No necesito ropa para donde voy, no necesito más que la fuerza del amor que algún día nos tuvimos, por eso mi maleta está atiborrada de ti, de tus cosas, de lo intangible, de lo que me va a alentar en la soledad, en la oscuridad. No me quiero ir y eso hace que con cada recuerdo que guarde en la maleta un pedazo de mi corazón quedé tirado, tal vez por eso recorro cada rincón de nuestra casa, para que no exista un solo lugar que no te haga pensarme, que no te haga extrañarme; lo recorro también para recoger tu aroma, para impregnarme de él.


 Deberías detener el llanto por un instante, no solo el tuyo, el mío si puedes, también. Acompáñame a la puerta para un último abrazo, se sienten tan bien que parecen mágicos. Qué mal que nunca lo haya notado, qué mal que como todo en la vida se valora cuando se pierde. Dame la mano y desfilemos por este matadero de ilusiones que se disfraza de pasillo; dame la mano la última vez y apriétala con fuerza hasta que me duelan los dedos, porque necesito confirmar que esto es real, que me debo acostumbrar, que mi peor pesadilla se hizo realidad. Qué disparate tan grande el de los dioses que se confabulan en contra nuestra para separarnos, ojalá el sempiterno y perfecto tenga por bien unirnos más adelante, cuando estemos listos para la eternidad. Tratemos de sonreír, tratemos de ignorar lo que pasa, igual, con lágrimas aunque del alma sean, nada vamos a remediar.

 Todo de mí se queda aunque me vaya, todo, menos yo. Todo reposará en el aire menos mi presencia y mis preguntas; preguntas idiotas que no buscan la verdad, que no buscan conciliar, que buscan la respuesta indicada que calmen mi dolor. Todo me llevo de ti con mi partida, todo, menos a ti. Todo irá embebido en mi piel menos tú y tus disparates. Lo bueno y lo malo, porque como a los mejores postres hay que ponerle sal para que el dulce resalte, necesito del paquete completo para estar seguro que no es el idilio perenne de mis fantasías, que muy por el contrario la realidad de mis días se acompaña de un pequeño monumento que erigiré a la memoria de tu recuerdo. No para idolatrarte, no para castigarme y torturarme. Para recordarte como lo mejor de mi vida.


 Recordarte y que me recuerdes, que alces la bandera de mi trabajo en tu corazón, porque nunca trabajé para mí mismo, nunca quise hacerte un clon, nunca quise que pensaras como yo. Todo lo que dije, todo lo que luché fue para verte libre. Que no tiemblen tus cimientos ahora, que no flaquee tu carácter. Estaré lejos pero no muerto, estaré ausente pero no distante, porque siempre que hagas las cosas al derecho sabré que estarás pensando en mí. Porque siempre que sonrías, que ames con locura, que des sin esperar a cambio; cuando vea que sigues con los pies en la tierra y que no has empezado a levitar con estupideces; porque siempre que me entere que no te dejas llevar, que te actualizas con cada avance; cuando descubras una porción del basto universo del conocimiento, sabré que mi recuerdo sigue haciendo de las suyas. Porque siempre que oiga que estás mejor, sabré que ese es el monumento a mi memoria.

jueves, 24 de octubre de 2013

Ese tipo de tipos igual a todos los tipos.

Soy de ese tipo de tipos que mantiene la esperanza hasta el final, en secreto, en lo profundo del corazón, seguramente porque aparenta ser de ese tipo de tipos que ven el vaso medio vacío. Soy de ese tipo de tipos, como la mayoría de tipos, que juega a parecer duro. De ese tipo de tipos que vive en un mundo análogo, imaginario, absurdamente infinito, absurdamente imposible. Un tipo, de ese tipo de tipos, que construye su fantasía cada mañana, porque como suele suceder los mundos imaginarios colapsan ante la cruel y fatal realidad que los condena a no existir. Esos mundos que deberían ser, al menos, mundos paralelos que nos den el consuelo de saber, que en lo intocable de nuestros destinos, esos otros “Yo” la están pasando bien. Universos que se conectan tanto como para guardar en sí mismos la complicidad de un beso furtivo. Que guarden secretos profundos, tan profundos que no deben ser callados porque al final, envueltos en el absurdo, terminan por contarlo a gritos a los cuatro vientos. Soy de ese tipo de tipos que cree que hay mundos en los que hasta un parqueadero guarda el secreto de un romance prohibido, que los arboles dan sombra a la luz de la luna y que los animales son representaciones vivientes de nuestros sueños, tal vez hasta de nuestros nombres.

No estoy sujeto al prototipo al que se sujetan esos sujetos indolentes y altivos, verdugos de sí mismos, asesinos de sus propios sueños y mártires a su vez de su propia estupidez. No con esto quiero decir que soy un sujeto que no se sujeta a cierto tipo de prototipos que me hagan del tipo de muchos tipos. Solo digo que un sujeto que no sujeta su geta, no es del tipo de tipos que encajan en arquetipos, porque no la sujeta por dejarla libre, sino por pensar libre. Es ahí mismo donde el problema nace y la tortura yace. Pensar libre para luego existir libre, vivir libre y morir cautivo. Porque siempre muere cautivo el que pensó que por pensar libre jamás le romperían el corazón. Ese soy yo. Un tipo de esos tipos que jura no estar sujeto al estilo de los sujetos que se confunden con el montón, pero que carente de excelencia termina esclavo de un perpetuo camuflaje de apariencias vanas. Libre de hablar, mientras hable de corazón. Esclavo de lo que dice, como esclavo es quien habla guiado por el corazón. No estoy sujeto a ese prototipo al que se sujetan ciertos sujetos, porque no hay nada extraordinario en ellos. No lo hay en ellos y no lo hay en mí. Simplemente soy diferente por la compleja contradicción que en mí mismo represento, cautivo de mi libertad y real en la ilusión de mi imaginación.

Siempre contradictorio y siempre fiel al prototipo de tipos como yo, termino odiando en quien me convierto. Porque soy de ese tipo de tipos, que de entre tantos tipos de tipos, escogió ser del tipo pusilánime y procrastinado. De los que juran que, el no que sale de sus bocas, será el definitivo. De los que creen que proponerse no llamar, no escribir, no buscar, es en definitiva la certeza del absoluto cumplimiento de su afirmación, sin saber que en el fondo se oculta la perversa necesidad de ser contario a ella y morir lento hasta terminar llamando, escribiendo y buscando. Siempre he querido ser del tipo de tipos que dicen no más con la tranquilidad que genera concluir un episodio. Siempre he querido ser un sujeto, sujeto al estilo de los sujetos que erguidos y con la frente en alto van por la vida sin recuerdos tormentosos. Pero maldita sea la suerte que se burla de mí, que me ve pasar errante como ese tipo de tipos incapaces de olvidar, que cotillea con suertes ajenas, mejores que ella, nutriéndose de mi soledad. Soy de ese tipo de tipos que al final resulta no ser de ningún tipo. Soy de esos sujetos que no se sujetan al estilo de muchos sujetos, pero que indiscutiblemente anda siendo ese tipo de tipos igual a todos los tipos.

martes, 15 de octubre de 2013

Moriré solo, moriré sin mi media naranja.

Dicen las abuelas que es como un baldado de agua fría, como un corrientazo que recorre el cuerpo de la cabeza a los pies derechito por la espalda. Jamás había tenido en mi vida esta absurda sensación. Jamás me había sentido tan incompleto y desesperado. Miro la hora y me doy cuenta que el tiempo ha pasado, que no se detiene, que castiga sin piedad. Miro la hora, me miro al espejo y noto que no soy el mismo, que no debería ser el mismo, que ya es hora de hacer las cosas bien y al derecho. Disparejo he salido muchas veces, incompleto muchas otras. He desperdiciado mi vida combinando inútilmente compañías, para no sentirme desnudo. Para no sentir el frío de andar en mis propios zapatos. Siempre ocultando mis falencias, siempre disimulando los vacíos, siempre, y no nunca, mitigando la esperanza de tenerte.

Te busco en vano en los rincones de mi casa. Los pasillos se hacen túneles y los cuartos celdas. Las ventanas decoradas con floridos barrotes me recuerdan que no tengo escapatoria, que debo encontrarte, que debo sosegarme con tu compañía. Entonces recuerdo la última vez que te vi, la última vez que te tuve. Trato de pisar tus pisadas, de recorrer tus recorridos, pero infructuoso es mi esfuerzo y en vano guardo la esperanza de tenerte. Me doy cuenta que no hay mal más cierto que la incertidumbre de tenerte siempre a mi lado.

Cuánto ansío sentirte, cuánto anhelo que me envuelvas, que me abrigues, que te quedes. Tal vez deba luchar con el desorden de mi mundo, para no perderte más en él. Vas y vuelves como la lluvia, que a veces refresca y a veces inunda. Qué angustia insoportable saber que de todas eres una y ninguna de todas las que aparecen. Tal vez estoy ciego y he pasado por tu lado. Te busco en el ropero, en las gavetas y en la cesta con la ilusión de que tan solo estés jugando conmigo, un juego infantil de los que te gustan.

Pasmado por el cruel escenario voy perdiendo el corazón, voy perdiendo los motivos para seguir creyendo. Desconcertado y aturdido por la angustia pierdo la razón de a pocos y empiezo a tirar las puertas. Golpeo las paredes buscando aminorar el dolor de mi alma, que no es más que la eterna mácula, de la profunda herida que dejó tu tormentosa ausencia. Me empiezan a temblar los pies, solo Dios sabe el dolor y las lesiones que me va a causar que no estés. Angustioso reviso por última vez tu espacio, pero no estás. Qué te has hecho princesa adorada, dónde te metiste guardiana de mis senderos. 

Tu abandono acabó con la sonrisa que me quedaba, que a decir verdad, no era más que un dibujo en mi piel con lápiz para ojos porque desde hace mucho no tenía razones para sonreír. No es fácil vivir con ese fatal destino. Destino que es como una maldición en mi casa, todos estamos sentenciados a estar incompletos, estamos reservados a las malas uniones como si fuera el castigo divino del caos en el que vivimos. No es fácil vivir así, con ese peso encima. Me tocó, como casi siempre, con una de una y otra de otra. Ocultar con la máxima discreción que no me combinan las medias, que moriré solo, que moriré sin mi media naranja.

miércoles, 9 de octubre de 2013

No le encuentro el gusto a la cerveza

He pasado toda la vida cuidando mi hígado, mi páncreas, mi corazón y mi estómago. Con esos antecedentes genéticos no puedo darme el lujo de andar desperdiciando células a diestra y siniestra, uno nunca sabe cuándo vaya a necesitarlas en serio. Mi cuadriculada vida ha sido siempre igual, monótona como eso, como una cuadrícula. Entre medicamentos, dietas y religión, he pasado escondido los últimos 26 años de mi amarga existencia absteniéndome de las mieles de algunas comidas y muchos vicios placenteros (como el sexo y esas cosas malas). Me he dedicado a escuchar las aventuras de mis amigos y la descripción de sus gustos culposos. Digamos que en materia de comidas no ha sido mucho lo que no he probado, si peco en algo es en ser demasiado glotón, pero en cuanto a bebidas se refiere soy un ignorante total. Cada vez que voy a un café termino por pedir algún coctel de colegiala con muchas frutas y colores. Pero no más. Me cansé de que el mesero le sirva el coctel a mi acompañante y ponga cara de asombro cuando deba advertirle que no es para ella sino para mí. Hoy, he decidido hacerles caso omiso a todas las advertencias médicas y obedecer a mi naturaleza masculina que dicta que todo macho de pelo en pecho y espuma al orinar debe ser buen bebedor.

Majestuosas y premiadas existen en mi país. Rubias, morenas, rojas, ligeras, nacionales e importadas, de todo tipo y variedad, la reina de las bebidas se presenta burbujeante y seductora para hacerse desear por los pobres e inocentes bebedores. Me rindo ante la tentación en un bar cualquiera de un parque cualquiera. Un bar de esos que con el nombre hacen temblar la billetera porque en la carta las bebidas nacionales valen lo de las importadas y las importadas valen lo que vale importarlas, exportarlas y de nuevo importarlas. Me siento cerca de la barra para ahorrarle la fatiga al mesero y acabar con mis ahorros, es que tengo pensado probarlas todas. Empiezo con una ligera nacional. El primer sorbo es más amargo de lo que imaginaba, no me gusta para nada. No sé cómo hacen para tomar y tomar de esto sin hacer mala cara, tenía otra idea en mi cabeza. El segundo sorbo baja más suave. Sabe mucho mejor. Es burbujeante, espumosa y está muy helada. Tomo un tercer sorbo, pequeño, lo saboreo y lo trago. Me desaparece la sed es una bebida mágica, sin duda alguna los egipcios son unos genios por haberla inventado. Sin darme cuenta la termino y parece que al final sabe a gloria. La segunda en la mesa es una rubia nacional, no es nada especial. Es bastante más amarga, el mesero tenía razón con eso. No supe en cuántos sorbos la terminé pero estaba como buena, aunque no tanto. Me urge una tercera para seguir probando porque no me convence mucho y el mesero se acerca con otra rubia extrafina nacional. Tiene mucho sentido eso de que las cosas buenas toman su tiempo. No sé mucho de bebidas como lo dije pero esta se siente más añeja que las demás.

De la misma casa una morena y quisiera poder decirles a qué sabe pero me urge ir al baño. Qué afán me dio de la nada, siento que la vejiga se me va a estallar. Voy y vuelvo del baño en un santiamén y hay una roja en la mesa cuando regreso. Sabe diferente, como entre la ligera y la morena o la morena y la normal o más bien normalmente morena ligera. No sé si ya les dije pero la nena de la mesa de al lado está cada vez más linda. Viene el turno de las importadas. Una botella verde se asoma en la bandeja del mesero. Es muy curioso que no se le caiga si la mueve como tabla de surfear cazando ola. La pone sobre la mesa y ahora esta se mueve con ella. Le doy la mano al mesero porque ha sido un gran mesero, el mejor mesero del mundo, se merece una buena propina pero mejor le doy un abrazo que hijuepuyas (perdón con las señoritas). Esta de botella verde sabe a agua, no sé cómo. ni por qué pero baja en tres sorbos. Viene una alemana de botella oscura que se tambalea más que la anterior y la recibo con mucha alegría.
  
Qué música tan buena la de este sitio, qué ambiente, qué gente tan querida, que niñas tan lindas. Cómo los quiero a todos. Después de la anterior todas saben a agua. No les encuentro mucho el gusto por lo que me veo obligado a seguir probando. Si supieran cuánto los quiero, no dejen de leerme por favor que ustedes son los mejores lectores del mundo. Los amo porque son unos verracos, no se preocupen por mí que si esto se publica es que llegué vivo a la casa.

Belgas e inglesas se acomodan en mi mesa, como los machos de verdad. Parece que todos tienen ataque de risa. Todos menos mi billetera que empieza a sufrir por la cuenta. Pero no hay de qué preocuparse le digo yo, eso ahí miramos qué hacemos. Cantemos para alegrar el ambiente mejor. En estos chuzos no ponen ranchera o qué, que me pongan a “Chente” que esto se compone.

Quiero confesarles algo…

Tráiganme otra porque quiero confesarles algo desde el corazón, otra "monita" de esas…

¡Yo no quiero agua, yo quiero bebida! ¡¿Cuál chito?! Es que mi plata no vale que no puedo cantar o qué. Venga amigo yo estoy bien, perdón, de verdad perdóneme pero es que estoy triste, o bueno, no triste, estoy feliz, o bueno no feliz, estoy… balde. Páseme un balde que no me siento bien.

Qué le echaron a esto ustedes le echaron algo. Cómo que no sé tomar, yo sé tomar porque no me echo la cerveza encima ¿Que cómo me llamo, qué dónde vivo, que dónde estoy? Me va a dar trabajo o qué que esto parece una entrevista. Yo no necesito trabajo, yo necesito saber y quiero saber si me amas tú, jajajajajaja. No estoy borracho, no. Es que si el lobo de los tres cerditos se comió a caperucita y besó a la bella durmiente entonces qué pasó con los enanos de Blancanieves, a mí me devuelven la plata. Cómo que no entiende lo que digo, yo no hablo inglés, le estoy hablando un alemán claro. Yo pago esa pinche cuenta ¿cuánto es o qué, cuántas me tomé?


Ustedes sí es que son muy líchigos peleando por 8 cervezas. Mire no me gustó su chuzo mejor me largo y para que conste: no le encuentro el gusto a la cerveza.