Antes de comenzar debo decir que
siento un gran respeto por las personas de la tercera edad. En una de sus prácticas
de grafología, mi hermana dice de mí, que tengo una mente retorcida y que soy
irrespetuoso con la tercera edad. Puede ser cierto pero en la práctica no es
tan notorio. Admito que en un par de ocasiones me he imaginado haciéndole zancadilla
a uno que otro que use bastón, pero la verdad es que jamás lo haría. Por eso
digo, realmente los respeto sin importar lo que ellos me hagan.
Y es que no sé si ustedes han sufrido
como yo las inclemencias de tener abuelos con temperamentos incontrolables.
Casi toda mi infancia crecí con el yugo de tener la “lora” de mis abuelos. No una lora cualquiera. Cuando visitaba a mis
amigos escuchaba cantaletas que decían “mi amor ponte los zapatos que te puedes
enfermar” o “coma papito que muchos desearían tener
un plato de sopa”. Era algo tierno, algo de abuelos, dulce. Pero a mí, a mí me tocó una tragedia diferente “Salude, abra la jeta no sea maleducado”, “Si no se
pone zapatos le arranco las uñas de un pisotón”, “¿No va a tragar? Pues no
trague más comemos nosotros”. Siempre me pegunté cómo me pedían que fuera
educado con esa maleducada forma de corregirme.
Con todo y eso jamás les he hecho
algún tipo de atentado terrorista. Ni a ellos ni a los desconocidos. Cada vez
que veo un abuelo en cualquier lugar pienso en cómo repiten una y otra vez “Sea
educado”. Pero son ellos los maleducados. Una situación normal en un
supermercado sería como esto: Estoy parado en un pasillo como cualquier otro
individuo, tranquilo, mirando y escogiendo, cuando de repente escucho una
chitada como para un perro. Un carrito, que perfectamente podría dislocarme la
cadera, empujando por detrás. Inmediatamente una voz que se nota cansada de la
vida y no tan fuerte, creo que ahorra fuerza para maltratarme con el carro,
quite de ahí deje pasar.
No sé por qué son tan maleducados,
no bastaría un permiso por favor. No sé por qué escupen en todos lados. Por qué
gritan para todo. Por qué llegan, no saludan, y uno sale perdiendo. Por qué
solo se fijan en los defectos de uno. Por qué aplauden en los restaurantes. Por
qué hacer compras es una pelea porque los quieren robar, señores la ropa ya no cuesta
diez pesos. En fin, tal vez ustedes no
han sufrido como yo una educación maleducada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario