martes, 16 de abril de 2013

Educación Maleducada


Antes de comenzar debo decir que siento un gran respeto por las personas de la tercera edad. En una de sus prácticas de grafología, mi hermana dice de mí, que tengo una mente retorcida y que soy irrespetuoso con la tercera edad. Puede ser cierto pero en la práctica no es tan notorio. Admito que en un par de ocasiones me he imaginado haciéndole zancadilla a uno que otro que use bastón, pero la verdad es que jamás lo haría. Por eso digo, realmente los respeto sin importar lo que ellos me hagan.

Y es que no sé si ustedes han sufrido como yo las inclemencias de tener abuelos con temperamentos incontrolables. Casi toda mi infancia crecí con el yugo de tener la “lora” de mis abuelos.  No una lora cualquiera. Cuando visitaba a mis amigos escuchaba cantaletas que decían “mi amor ponte los zapatos que te puedes enfermar” o “coma papito que muchos desearían   tener un plato de sopa”. Era algo tierno, algo de abuelos, dulce. Pero a mí, a mí me tocó una tragedia diferente “Salude, abra la jeta no sea maleducado”, “Si no se pone zapatos le arranco las uñas de un pisotón”, “¿No va a tragar? Pues no trague más comemos nosotros”. Siempre me pegunté cómo me pedían que fuera educado con esa maleducada forma de corregirme.

Con todo y eso jamás les he hecho algún tipo de atentado terrorista. Ni a ellos ni a los desconocidos. Cada vez que veo un abuelo en cualquier lugar pienso en cómo repiten una y otra vez “Sea educado”. Pero son ellos los maleducados. Una situación normal en un supermercado sería como esto: Estoy parado en un pasillo como cualquier otro individuo, tranquilo, mirando y escogiendo, cuando de repente escucho una chitada como para un perro. Un carrito, que perfectamente podría dislocarme la cadera, empujando por detrás. Inmediatamente una voz que se nota cansada de la vida y no tan fuerte, creo que ahorra fuerza para maltratarme con el carro, quite de ahí deje pasar.

No sé por qué son tan maleducados, no bastaría un permiso por favor. No sé por qué escupen en todos lados. Por qué gritan para todo. Por qué llegan, no saludan, y uno sale perdiendo. Por qué solo se fijan en los defectos de uno. Por qué aplauden en los restaurantes. Por qué hacer compras es una pelea porque los quieren robar, señores la ropa ya no cuesta diez pesos.  En fin, tal vez ustedes no han sufrido como yo una educación maleducada.

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