Es bien sabido que cuando los hombres discutimos con las mujeres siempre llevamos las de perder. No solo porque el genio de algunas sea más poderoso que el de Aladino, sino porque en argumentos nos quedamos cortos. No importa cuánto leamos ni qué tan doctos nos creamos en ciertos temas, al final, ellas siempre van a ganar. Estemos solos o acompañados no daremos a basto juntando argumentos lógicos, o ilógicos, para tratar de ganar y siempre serán ellas las víctimas de toda nuestra supuesta crueldad. Esa crueldad que se propaga como una enfermedad entre todas sus amigas al peor estilo de pandemia viral de AH1N1 con solo recibir una llamada. Esa sensación que sentimos los hombres de ser juzgados por la ofendida y sus amigas, no es más que la solidaridad femenina.
Por eso propongo que los hombres inventemos la solidaridad masculina. No nos pisemos la manguera entre bomberos señores. Es que entre nosotros todo es tan diferente. Si salimos mal librados en alguna relación con una mujer nuestros amigos son los primeros en hacerse amigos de ella y burlarse de nosotros. Si nos terminan son los primeros en meter el dedo en la herida y si somos los primeros en terminar están haciendo fila para "gusanear". Por eso, amigos, hagamos un alto en nuestras vidas y decidamos ser mejores que eso, mejores que el instinto, no importa que la ex de mi amigo sea Jennifer Aniston o Natalia París ¡No señores! solidaridad masculina.
Por eso propongo que los hombres inventemos la solidaridad masculina. No nos pisemos la manguera entre bomberos señores. Es que entre nosotros todo es tan diferente. Si salimos mal librados en alguna relación con una mujer nuestros amigos son los primeros en hacerse amigos de ella y burlarse de nosotros. Si nos terminan son los primeros en meter el dedo en la herida y si somos los primeros en terminar están haciendo fila para "gusanear". Por eso, amigos, hagamos un alto en nuestras vidas y decidamos ser mejores que eso, mejores que el instinto, no importa que la ex de mi amigo sea Jennifer Aniston o Natalia París ¡No señores! solidaridad masculina.
Unamos fuerzas y exijamos los derechos de la masculinidad. No se trata de ser princesos ni más faltaba, los hombres de verdad no sufrimos de esas estupideces. Se trata de dar y recibir. Porque o nos cogen de marranos o nos extorsionan pero siempre se salen con la suya. Bueno, pues llegó el momento de estandarizar las tarifas del gremio y definir qué cosas estamos dispuestos a dar y cuáles exigimos recibir. Los hombres también esperamos invitaciones, llamadas, visitas y bobadas así. Al menos esperamos que jueguen limpio y nos digan lo que sienten sin tapujos ni condiciones. Si quieren jugar con nosotros, díganlo. Si hay reglas, díganlo. Si no hay reglas, díganlo. Pero definitivamente es dando y recibiendo. Empecemos a exigir que nos llamen, que nos digan que nos piensan, que se les escape un mensaje de texto de vez en cuando, que en ocasiones nos rueguen un poquito. No permitamos más patanería por parte de ellas porque los hombres buenos todavía existimos y estamos uniendo nuestras fuerzas para crear la solidaridad masculina...
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