Luego de pasar por una serie de
sucesos desafortunados, perdón, stalkeados,
empecé una lucha conmigo mismo por tratar de descubrir quién es capaz de hacer
semejante canallada. Sea lo que sea, o la razón que fuese, sin importar cuántas
personas bloqueara, me seguían stalkeando.
No me parece gracioso y dados los últimos acontecimientos, sin tener delirio de
persecución, tengo mi propio stalker.
Puede ser uno, dos o mil, pero ese no es el punto. El punto es, que escribo
para que me lean. Sí, para desahogarme, para rayar a algunos, para lanzar
indirectas como todos, pero sobre todo para que me lean. Si no fuese así me
conformaría con pensar en voz alta y no dejaría evidencia porque las palabras
se las lleva el viento.
Así que como reza el dicho: “Si
no puedes con tu enemigo, únete a él". Cambié mi estrategia con ellos y todo
debería ser paz y amor. Pero empecé a sentirme incompleto, una vida sin
conflicto no es vida. Abrir y cerrar el Twitter
cada tres minutos para no leer ni una indirecta no tiene gracia. Así que contra
todo precedente y contra todos mis ideales decidí volverme un stalker. Empecé muy modestamente,
revisando ciertos perfiles con frecuencia. La verdad, no me cautivó mucho la
cosa. Pero empecé a conectar los tuits de unos con los de otros y se abrió un
universo paralelo de cabos sueltos infinitos esperando ser atados.
Tal vez tenía mi propia vida
cuando empecé, pero poco a poco la fui perdiendo. Por una vez en mi existencia
supe lo que era ser un completo perdedor, alguien sin vida que se mete a la web
a conseguir una. Por primera vez en mi cúmulo de días conocí la idiotez, la
inmadurez y la morbosidad. Ser un stalker
se siente grandioso, claro, si necesitas llenar los vacíos emocionales con los
romances de otros. Ahora que soy un stalker,
por pasatiempo, más me quedó claro que cada cabeza es un mundo. Excepto la de
los stalkers, que tienen mundos
hurtados, imaginarios y vacíos.
Si me preguntaran qué se siente
ser uno de ellos diría que se siente lo mejor del mundo. Quién no se sentiría
bien mendigando identidad, siendo un indigente de la web, amando los amores de
otros, peleando luchas ajenas y siendo un “Holmes” virtual. Si eres un stalker y estás leyendo esto, ánimo,
algún día conseguirás una vida propia.