lunes, 22 de julio de 2013

Esa guerra en la que no todo se vale...

Después de mirar su demacrado rostro por enésima vez en el espejo, Pablo, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se acomoda la camisa, se revisa el pantalón y se ajusta el cinturón. Pretende salir a entretenerse con cualquier mirada que parezca su mirada, con cualquier cabello que parezca el de ella, con cualquier espejismo que lo saque de la tortura en que vive. Sale a caminar como no tiene por costumbre, pero no tiene más opciones. Es salir a ocupar su mente en algo medianamente productivo, o quedarse y ahogarse en la almohada. Es salir a verla imaginariamente en cada lugar al que vaya o sufrir estúpidamente con un listado de canciones que le recuerden a ella. Condenado en su recuerdo vacila en cada paso, suspira con el poco aliento que le queda y pone la mejor sonrisa que tenga en el bolsillo. No tiene rumbo, no tiene compañía, no tiene corazón. No sabe cómo sigue vivo si ella desgarró su pecho y le arrancó despiadadamente el poco corazón que le quedaba. Es que le quedaba poco, porque sin que ella lo notara se lo había regalado a pedacitos.

Busca un nuevo vicio que sacie sus necesidades, ella ya no puede serlo, así que se refugia en el café. Toma taza tras taza de café hirviente con la esperanza de quemarse la lengua, de inhabilitarla para siempre, al menos tendría una razón de peso para no volverle a hablar. Alberto, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, camina y no se detiene. Camina para mantenerse a salvo, camina llenándose de razones para olvidarla. Camina porque el dínamo de su odio son sus pasos. Camina, porque como todos cuando caminamos, tenemos la cabeza puesta en otro lado y tal vez entre recuerdos y alucinaciones encuentre la fórmula perfecta de un encantamiento innecesario que le haga olvidarla. Suma decepciones, resta razones y divide sentimientos para entender, al fin, que el resultado que tanto quería a su favor, ella se lo daba a otro y que lo que ella quería de otro, insistentemente, él quería dárselo.


Entonces Pedro, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, comienza a entender que pasaran mil noches sin lunas antes de olvidarla. Comienza a despertar a la realidad. Las falacias del destino han opacado las quimeras del corazón y destruido las utopías de la imaginación. Santiago, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se rinde al instinto de supervivencia y como torero en burladero se esconde para evitar una muerte prematura. José, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se acomoda entre los escombros que dejó el huracán de sus mentiras. Nicolás, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, prueba y comprueba que no hay prueba más dura, que creerle a una mujer de labios dulces y venenosos. Felipe, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, al fin acepta que no hay peor muerte que la que llega con las mentiras de quien le roba el corazón. Yo, llámenme así para que no crean que es otro, que está bien, sonriente, feliz y complacido, reconozco que hablo en nombre de los difuntos corazones heridos en la guerra del amor. Esa guerra en la que no todo se vale.

lunes, 15 de julio de 2013

Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre

Desde que escribí “Solidaridad Masculina” he recibido muchos comentarios de mis doloridos amigos quienes se identificaron con la historia. Tanta es la represión en la que vivimos los hombres hoy en día, que muchos han tomado las riendas del asunto y han decidido empezar a escribir sus propias historias. Para la muestra “Conquista o Relación”, el texto que fue publicado en este mismo blog y que no es de mi autoría. Es que al mejor estilo de la línea de atención al maltrato masculino de los comerciales de hace unos años, nos hemos unido y estamos formando nuestra propia asociación contra los abusos de las mujeres. Sé que parece gracioso, pero es cierto. Hace unos años ellas estaban más que unidas. Se escuchaban, casi coralmente, diciendo incansablemente que los hombres eran unos perros. Pues para el asombro de muchos ahora somos nosotros, los que indignados, gritamos que todas las mujeres son unas… “¡Princesas!”. Por eso convoco a mis hermanos hombres, burlados, rumbeados, engañados, maltratados y despreciados, a que hagan parte de A.N.A.Y.A.H. la Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre. Como jefe de admisiones de dicha asociación, decidí publicar la lista de requisitos para obtener la membresía.

1.       TENER UNA TRAGA MALUCA: Quienes deseen ser parte de la A.N.A.Y.A.H. deberán tener, mínimo una relación conflictiva. Entendiéndose como relación al vínculo comunicativo que se ejerce con alguien por medio de WhatsApp, Twitter, Facebook, Llamadas y demás servicios, recíproco o no, es decir, si le responden con regularidad o lo dejan hablando solo.

2.       SER PAYASO: Este requisito no tiene nada que ver con disfrazarse, pintarse la cara y gritar: “Dónde están los papitos”. Tiene que ver con ese sentimiento confuso que se crea de la mezcla entre la frustración y la humillación. Los payasos, son esos sujetos que se encargaron de hacer mil cosas bonitas, que fueron recibidas pero al final no dieron resultados. Los payasos son los que gastaron tiempo e ideas haciendo cosas para conquistar a alguien, ese alguien le corresponde, pero en secreto tiene un vínculo “comunicativo” con otro. Si usted se entera que le dice amor a todos, déjeme decirle que es un payaso.

3.       SER DRAMÁTICO: No hay nada que le moleste más a una mujer que un hombre dramático. Pero siendo honestos, no es que uno sea dramático de verdad. Lo que sucede es que como no sienten lo mismo, cuando les expresan el 1% de lo mal que se está pasando, ellas creen que uno es un dramático. Si usted se ha visto tragándose los sentimientos y tapándolos con indiferencia es un dramático reprimido, por favor solicite el formulario de inscripción.

4.       SER ILUSO: Si se conforma con cualquier “Ola K Ase”, aunque en las últimas y próximas 24 horas no le vuelvan a hablar, usted es un iluso. Si sale corriendo a vestirse porque cree en cada vez que le dicen “veámonos” aunque desde el principio usted sabía que  lo iban a plantar, es un iluso. Si secuestra el teléfono de su casa y lo mete debajo de la almohada esperando una llamada que nunca va a llegar, es un iluso. Por favor saque cita con un psicólogo

5.       SER "AUTOFALAZ": No importa cuántas veces se mienta a usted mismo y trate de obligarse a no llamarla, no pensarla y no sentir lo que siente por ella, si termina haciéndolo es un autofalaz (Auto = uno mismo, Falacia = mentira). Si pretende ser fuerte como para hablar con ella sin derretirse, si cree que puede llamarla como un amigo, si cree que no le va a dar un infarto verla, si asume que no le van a dar celos que salude al celador del conjunto, usted se miente a sí mismo, o sea, es un autofalaz. Por favor contrate al equipo de “Cheaters” y de paso visite una clínica de reposo.

6.       SER UN STALKER: Si entendió que no tiene la habilidad del hombre invisible de no ser visto como para seguirla a todos lados y le toca estar pendiente de cada uno de sus movimientos en redes sociales, usted es un Stalker. Si pasa horas actualizando la ventana del explorador que tiene abierta con el perfil de ella para enterarse de primera mano de lo que ella publica usted es un Stalker. Si activa en su celular las notificaciones del perfil de ella, usted es un Stalker y con cien años de experiencia. Por favor descárguese una vida, es una aplicación gratuita en AppStore y Google PlayStore.

7.       CERRAR LAS REDES SOCIALES: Si nota que estúpidamente creyó que las publicaciones de ese “alguien” eran para usted, pero en realidad nunca lo fueron y se deprime tanto como para que un bloqueo no sea suficiente, lo mejor es que cierre las redes sociales. Si lo ha hecho mínimo una vez por favor consulte un psiquiatra, usted necesita medicación.

8.       VOLVERSE MUSICAL: No tiene que ser músico para volverse musical. No tiene que componerle canciones para volverse musical. Si tiene una lista de reproducción con esas canciones que hacen que la recuerde para darse palo, usted es musical. Si tiene que cambiar la radio de estación porque canción le habla de ella, usted seguramente se volvió musical. Por favor abandone el tratamiento médico, cómprese una canasta de lo que prefiera y supérelo.


No es nada complicado ingresar a la A.N.A.Y.A.H. por el contrario si se sintió identificado con alguno de los requisitos, por favor acérquese a nosotros, busque ayuda. Las tuzas no se deben pasar a solas, porque al final uno siempre resulta llamándolas e invitándolas a comer obleas, helado o a tomarse una gaseosa y como no van a aparecer porque están con alguien más, usted necesita la ayuda de sus amigos de la Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre A.N.A.Y.A.H. 

lunes, 8 de julio de 2013

Conquista o relación

Lunes de Blog y quiero compartir este texto que un amigo me pasó para que todos ustedes lo vieran. Es como la continuación a "Solidaridad Masculina" y por eso decidí compartirlo. Disfrútenlo.


Muchas veces, escuchamos a las mujeres decir que están buscando un hombre que las enamore para poder ser felices. Que las llenen de regalos, detalles, llamadas y mil palabras bonitas que les recuerden que son unas princesas encerradas en una torre esperando un valiente caballero que las rescate. Pero, siendo honestos, es bastante contradictorio y hasta incoherente. Si están esperando que las enamoren y que las rescaten sin colocar un solo grano de arena de su parte, definitivamente, no quieren una relación ¡Quieren una conquista! Esa falsa utopía que venden las películas de época a las mujeres de hoy es lo que nos está complicando la vida a los hombres. Cuando es uno el que hace todo el trabajo, el que conquista y reconquista una y otra vez según el SPM lo requiera, déjenme decirles que están tragados solos. Si la reciprocidad de palabras, detalles y expresiones no es evidente están, digámoslo amablemente, razonando fuera del recipiente, y en una relación las cosas deben ser de ambas partes. Es dando y recibiendo. Cada quien poniendo empeño al conocer, determinar y observar a la otra persona, si es o no es, la indicada.

Por otra parte, en una conquista el hombre solo hace lo que a ella le parece. Dicho de otra manera se camufla de hombre ideal, podría ser un sapo con armadura de príncipe y ellas encantadas porque encontraron lo que querían sin darse cuenta que todo puede ser un engaño. Pero bueno, ellas mismas se lo buscan. Si no les interesa demostrar, ni conocer a la persona que tanto les demuestra y hace por ellas, debe ser por una de dos razones: les pareció bien físicamente o sus regalos y detalles sin corazón las han engañado. Y eso, suponiendo que como todos dicen, primero se debe pasar por una amistad, la pregunta es ¿qué tipo de amistad?


En mi humilde opinión y con mi no desmedida experiencia, creo que he tenido varios tipos de amistades. Y en el mejor de los casos puede que con algunas haya pasado a segunda base, pero tampoco es que segunda base sea la gran cosa, apenas medio ser correspondidos y ya.  Entonces qué manual o qué pasos debemos seguir los hombres para buscar esa mujer, no con la que solo queremos “cositas”, sino con la mujer que queremos una familia. Por supuesto dejando en claro que los hombres también buscamos cosas más allá de la belleza física. Buscamos esa mujer que sea trabajadora, honesta, ordenada, juiciosa, divertida. Tal vez mil hojas no nos alcancen para terminar la lista de lo que buscamos. Pero así sea una hoja o mil, siempre llega de nuevo mi pregunta ¿cómo hacemos? Si las invitamos a salir, las llamamos, estamos pendientes y no recibimos nada de su parte ¿Qué hacemos? ¿Nos alejamos? ¿Seguimos? ¿Tiramos una moneda al aire para decidir nuestro destino o qué? Porque siendo sincero con ustedes, he escuchado muchas veces esta frase de las mujeres: ¡es que ustedes son los hombres¡ Eso qué tiene que ver ¿que tenemos que ir al límite de comprometer nuestros corazones con todas sin saber cuál va ser o en que vamos a terminar? Por favor, así sea un indicio no nos haría daño. A nosotros también nos gustan los mensajes inesperados, las llamadas sorpresa, los sms con caritas. Si lo hacemos es porque nos gusta ¿no creen?

miércoles, 26 de junio de 2013

Nadie sabe para quién trabaja.

Te dedicas a explorar un universo infinito de posibilidades remotas de conseguir lo que algún día soñaste. Te dedicas a anhelarlo, a suspirarlo, a desearlo y a quererlo. Te dedicas, con toda la dedicación que posees a imaginar que sea posible, que sea real. Te dedicas a planear cómo conseguirlo, cómo arrebatarlo y cómo conquistarlo. Te dedicas a dedicarte a eso sin angustias y sin futuro, solo con la certeza de tener un segundo a la vez para vivir. Haces check list, te aseguras que no falte nada y ejecutas tu plan. Te colmas de grandeza, de fuerzas, de seguridades un poco inseguras, te inundas de fe, de armas, de valor infinito y muchas destrezas. Le pides a la vida que juegue de tu lado y que los planetas se alineen para que nada falle en tu labor.

Paso a paso empiezas a construir lo tuyo. No importa cómo se llame o cómo lo llames todo es igual. Ladrillo sobre ladrillo vas construyendo los muros que sostendrán el techo de tu refugio. Aprendes a contar los días, porque para bien o para mal, lo que haces mientras construyes depende de ti y es lo más especial que podrás recordar. Es ese tesoro que guardas en el fondo del alma porque no sabes si al terminar tu obra seguirá siendo tan tuya como cuando empezaste. Pones tu vida, tu corazón y tu todo en los detalles. Empiezas a creer que tiene forma de algo. Empiezas a soñar con que tiene sentido y hay esperanza. Empiezas a entender que después de todo nadie sabe bien, para quién trabaja.

Cuentas y recuentas las marcas de los días vividos que hiciste en la pared. Sumando y restando no sabes al fin si suman noventa y nueve, o cien, o ciento uno. No sabes si importan las cuentas porque tienes eso en el interior que te advierte que lo que creías que iba a ser para ti, no lo será. No sabes si importa el ingenio porque tienes eso en el alma que te advierte que lo que creías tener seguro, nunca fue tuyo. Palpita en el corazón ese amargo sinsabor de entregarlo todo y no recibir nada cambio. Palpita y desespera esa amargura que queda, por haber marcado sobre el cemento fresco los ideales de un incierto porvenir. Porque aunque no quieras te diste cuenta que construiste en falso y que ahora nada podrá borrar su nombre de ahí, excepto derribar y volver a construir. Sin querer, notaste que haces parte de una cadena. Que lo que tú dedicaste ya fue dedicado. Que lo que cantaste fue reciclado y cantado a alguien más. Que lo que escribiste fue olvidado porque le escribieron a alguien más. Porque todo lo que pensaste, fue re-pensado con otro.


Y ahí, inmutable, suscitas compasión y lástima porque ya la burla y la risa se le agotaron. No te queda más que el escozor de una herida sin sanar y ver cómo perdiste el tiempo. Ya no es necesario lamentarse por lo que no hiciste, definitivamente, el que no hace ve hacer. Empacas los versos que quedaron, los suspiros que sobraron y la poca cordura que te queda. Es que siempre es difícil entender que nadie sabe para quién trabaja.

lunes, 17 de junio de 2013

Solidaridad Masculina...

Es bien sabido que cuando los hombres discutimos con las mujeres siempre llevamos las de perder. No solo porque el genio de algunas sea más poderoso que el de Aladino, sino porque en argumentos nos quedamos cortos. No importa cuánto leamos ni qué tan doctos nos creamos en ciertos temas, al final, ellas siempre van a ganar. Estemos solos o acompañados no daremos a basto juntando argumentos lógicos, o ilógicos, para tratar de ganar y siempre serán ellas las víctimas de toda nuestra supuesta crueldad. Esa crueldad que se propaga como una enfermedad entre todas sus amigas al peor estilo de pandemia viral de AH1N1 con solo recibir una llamada. Esa sensación que sentimos los hombres de ser juzgados por la ofendida y sus amigas, no es más que la solidaridad femenina.

Por eso propongo que los hombres inventemos la solidaridad masculina. No nos pisemos la manguera entre bomberos señores. Es que entre nosotros todo es tan diferente. Si salimos mal librados en alguna relación con una mujer nuestros amigos son los primeros en hacerse amigos de ella y burlarse de nosotros. Si nos terminan son los primeros en meter el dedo en la herida y si somos los primeros en terminar están haciendo fila para "gusanear". Por eso, amigos, hagamos un alto en nuestras vidas y decidamos ser mejores que eso, mejores que el instinto, no importa que la ex de mi amigo sea Jennifer Aniston o Natalia París ¡No señores! solidaridad masculina.


Unamos fuerzas y exijamos los derechos de la masculinidad. No se trata de ser princesos ni más faltaba, los hombres de verdad no sufrimos de esas estupideces. Se trata de dar y recibir. Porque o nos cogen de marranos o nos extorsionan pero siempre se salen con la suya. Bueno, pues llegó el momento de estandarizar las tarifas del gremio y definir qué cosas estamos dispuestos a dar y cuáles exigimos recibir. Los hombres también esperamos invitaciones, llamadas, visitas y bobadas así. Al menos esperamos que jueguen limpio y nos digan lo que sienten sin tapujos ni condiciones. Si quieren jugar con nosotros, díganlo. Si hay reglas, díganlo. Si no hay reglas, díganlo. Pero definitivamente es dando y recibiendo. Empecemos a exigir que nos llamen, que nos digan que nos piensan, que se les escape un mensaje de texto de vez en cuando, que en ocasiones nos rueguen un poquito. No permitamos más patanería por parte de ellas porque los hombres buenos todavía existimos y estamos uniendo nuestras fuerzas para crear la solidaridad masculina...

martes, 11 de junio de 2013

Así es el alma del que mata la fiera y le asusta la piel...

Ese entusiasmo con el que a veces la gente se levanta, en el que se apoyan para soñar y creer que todo puede ser posible, con el que quieren caminar todo el día y  esperar que no los abandone, ese entusiasmo, es el que no conozco. No conozco entusiasmo alguno, porque cuando pretendo presentarme o que se presente formalmente termina siendo la fantasía inconclusa de algún sueño perdido. Ese corazón acelerado que muchos conocen como emoción y ansiedad, para mí no es más que la tortura inevitable del recordatorio de una falsa sonrisa y una frustración más.

Te miras en el espejo buscando verte de la mejor manera. Tratas de vestirte lo mejor posible para tu cita con el destino, como tratas de ubicar la mejor máscara del armario. Al final no haces ni lo uno ni lo otro, solo consigues cubrirte con los harapos que guardas en un viejo ropero y te vas sin máscara, vulnerable y expuesto a que vean tu verdadero yo. El verdadero desgaste que produce ver una y otra vez tus sueños hechos escombros derribados por algún terrorista emocional que vive del sufrimiento de los demás.

Pero es más fuerte el impulso que la verdad. La conciencia advierte, el subconsciente alerta y el inconsciente, a gritos, trata de prever la tragedia. Pero displicente con tu instinto decides alejar la razón, dejarte llevar, verle a los ojos e intentar cambiar la fatalidad que sabes que aguarda por ti al final de cada uno de tus días. No importa que empiecen las trabas y los peros, no importan los problemas o el viento en contra, no importa la imperfección del mundo porque tienes trazado un plan que debes cumplir. Te agitas, te angustias, te apretas las heridas para poder seguir, pero todo es imposible para el que está a punto de caer en batalla. Ves al final del túnel el destino personificado, tratas de convencerle, pero el destino del destino mismo parece ser, huir de ti. Te tomas un tiempo para reponerte, te tomas dos tiempos para levantarte y te tomas medio tiempo para correr a hacerlo realidad.


Cuando el peso de la nueva herida es mayor a lo que puedes soportar y te estás dando por vencido, cuando en una mala jugada resulta que descubres que eres el hazmerreír de ti mismo, entonces, de nuevo parece posible. El destino se cruza en tu camino. Quieres envolverlo en los brazos y no dejarlo ir, pelear con él por él mismo. Es que tal vez no ha notado su destino y por eso quiere escapar de ti. No se ha dado cuenta el destino, que su destino es ser tu destino. Inmóvil e idiota quedas absorto con la certeza de verle de nuevo. Quieres raptarlo, robártelo solo para ti, pero te puede el pudor y el respeto. No obligas al destino a ser tu destino aunque sea su destino, porque tal vez quiera ser el destino de alguien más. Piensas que es inevitable la despedida y planeas la mejor de todas, la que le convenza quedarse. Pero al final, como siempre, dejas que se diluya entre tus dedos y le dejas ir con la más fría cortesía. Te arrepientes y gritas por dentro pero qué se le hace, si así es el alma del que mata la fiera y le asusta la piel.

miércoles, 5 de junio de 2013

Si mis perros tuvieran pulgares...

Siempre he creído que las mamás tienen la razón en muchas de las cosas que dicen. Están los defensores maternales que dirán que mi apreciación es equivocada y que las mamás tienen razón en todo lo que dicen. Pero debo insistir en que eso no es cierto. Las mamás siempre dan consejos acertados y cuando dicen que alguien o que algo no les cuadra, corran, porque al final algo trágico sucede. Lo único en lo que las mamás no tienen la razón es en la apreciación que tienen de sus hijos. Todas las mamás creen que sus hijos son lo máximo, los más lindos, los más inteligentes, los más dedicados, los más, más de los más. Ustedes y yo sabemos que eso no es cierto. Mi mamá siempre que habla con la gente saca pecho por su hijo, por lo elocuente, por las notas, porque canta, porque cree que es lindo, pero sobre todo por lo buena gente que es.

Pensando en eso, hice un análisis introspectivo y descubrí que mi mamá exagera solo por tener motivos para sacar pecho. Es más, descubrí que me ve de una mejor manera de la que realmente soy. Así que empecé a comparar mis atributos con los de otros seres, que tal vez ame igual o que seguramente ame más y llegué a la conclusión que si mis perros tuviesen pulgares opuestos serían mejores personas que yo. Cuando hablamos en términos evolucionistas, los seres humanos están en la cima de la evolución y entre otras cosas los pulgares opuestos marcan un hito muy importante a la hora de determinarlo. Por lo tanto, si mis perros tuviesen pulgares opuestos estarían por encima de mi propia evolución. No hay seres más nobles que ese par de animalejos. No importa cuán mal los trate ellos siempre vuelven con su carita a saludar. No importa si los piso o los insulto y les digo que su mamá es una perra, porque de verdad lo es, ellos parece que lo olvidan y ya.


No necesitan hablar, no necesitan comprar regalos o portarse bien, los muy canes solo tienen que ser canes. Si yo me dedicara a ser yo, tendría demasiados problemas y tal vez ni mi propio reflejo en el espejo podría soportarme. Así que cada vez que consiento a mis perros les agarro las patas y me cercioro que no les estén saliendo pulgares opuestos porque sería mi acabose. La hecatombe sobrevendría sobre la humanidad entera y un apocalipsis zombie sería el paraíso. Se los aseguro, nadie querría estar con seres tan desleales y rencorosos como nosotros. Así que les prometo, que si en algún momento mi paranoia me lleva a presentir que mis perros están mutando y generando pulgares opuestos, yo seré el primero en cortárselos porque sería el primer damnificado en esta historia y perdería rotundamente la esperanza de que algún día mi mamá me quisiera más que a mis perros.