¿Qué se necesita para romper la rutina y el fatalismo con el que miras la vida? Todos los días pareciera que hiciera lo mismo. La misma ruta de bus a la misma hora. Casi siempre las mismas personas me acompañan, en un sistema de transporte tan mal planeado, que fácilmente sabemos quién no se bañó o está malito del estómago. Todos los días la misma calle, la misma oficina, con los mismos afanes, con la misma gente, tratando de sobresalir, de hacer algo diferente que rompa mi esquema y me permita sonreír sinceramente. Sonreír no por un buen chiste que lea en algún lado, sino por la satisfacción de hacer algo que realmente cambie el rumbo de mi día.
Sinceramente no recuerdo en cuántas cosas he fallado, cuántos fracasos he tenido o cuántas oportunidades e desperdiciado. Pero cada vez que estoy cerca de una papelera, callejera o de casa, sale un Michael Jordan fracasado que siempre desconozco a hacer el intento de romper la costumbre del temblor muñequero. Pero solo retumba en mi cabeza la idea bien sembrada de mi padre: el perezoso trabaja doble. De mis intentos fallidos un porcentaje bien alto se lo lleva la idea de encestar papeles. Y no sé si lo intenten tanto como yo pero que satisfacción produce lograr embocar la pequeña bola de papel en la cesta.
Y si lo piensas bien no es un vano suceso más del día. Si aumentara la cantidad de encestadas al día, subiría el autoestima, tendría una sonrisa prolongada, el sentimiento de triunfo se haría evidente con un brillo especial en el rostro, todos lo notarían y querrían estar a mi lado por la buena energía que irradiaría. No me digan entonces que encestar papeles es de perezosos, porque encestar papeles es de triunfadores. Nada se iguala a esa insaciable y pasajera gloria que sientes cuando logras poner la basura en su lugar desde la comodidad de la silla, o la cama y si a eso le pones estilo, que coman chitos los Negros Bien Altos de la NBA.
Semillas de frutas, las cáscaras mismas, papeles arrugados, bolsas llenas de lo que sea, prometen ser el mejor de los Spalding que puedan llevarme al campeonato imaginario de nuestras vidas. Encestar la basura es diferente a siempre tener que recogerla cuando choca contra el borde. Hagan el ejercicio en la universidad o en cualquier lugar de detenerse a mirar cuántos se acercan a depositar las cosas en la canasta y verán que son muy pocos los conformes, la mayoría lo tiran. Algunos arriesgados de algunos metros, otros más nerviosos de algunos pasos pero todos inconscientemente tienen anhelo y sueños de gloria.
Encestar algo es romper la rutina de siempre tener que acercarse a recogerlo porque no entró. Por eso esta mañana supe que hoy iba a ser un gran día. Me desperté tarde, punto en contra de mi día. No me quería levantar, otro punto en contra. Estaba congestionado como no lo había estado en los últimos días, más puntos en contra. Me metí al baño y cuando me había mojado noté que no había jabón, en ese momento pensé que no se podía poner peor mi día. Corro la cortina y oh sorpresa, había un jabón nuevo sobre el tanque del sanitario. Lo recojo rápido para no mojar demasiado el piso y de nuevo estoy tras la cortina. Destapo el jabón y no sé qué hacer con la envoltura que ahora resulta estorbar. Si lo dejo en el soporte de los jabones seguramente lo olvidaré causaré desorden, si lo tiro al piso se moja y recogerlo sería un asco. Y si abro la cortina para colocarlo en algún lugar mojo el piso, me toca limpiar y ya es muy tarde para eso. Pero se me ocurrió la grandiosa idea de apuntar hacia el lavamanos para tirarlo y que reposara en él mientras terminaba mi baño. Pero el campeón que hay en mí me retó y dije: por qué no intentar meterlo en la papelera directamente. Esa no es una hazaña cualquiera querido amigo. La papelera está debajo del lavamanos y no hay mucha posibilidad de lograrlo. Me gire en dirección a la papelera, pero para ponerle más dificultad no me empine para ver sobre la cortina sino que permití que me cegara. Apunté. Calculé la fuerza para un recorrido de un metro aproximadamente, con la englobadita y todo. Lancé el papel y escuché el sonido como de caer por fuera. Resignado terminé mi ducha pensando en que ahora sí, mi día no solo era uno más, era uno muy maluco. Corro la cortina, me seco, recojo la pijama y busco el papel para ponerlo en su lugar. Ahora resulta que el papel no está. Dónde caería. Será que alguien entró, lo recogió y no lo noté. Miré en todos lados del baño menos en uno. Que falta de fe, que falta de confianza, que falta de credibilidad la mía. Cuando miro a la papelera ahí estaba. Con el mayor grado de dificultad jamás intentado por el hombre desnudo en la ducha, logré encestar la envoltura del jabón en la papelera que está debajo del lavamanos y entendí que rompí mi record. Seguramente hoy será un gran día.