Junto a las cucarachas, los gusanos de basura y las
tortugas, están las ratas compitiendo
por el último lugar de los animales más desagradables del mundo. Algunos dirán:
“por qué las tortugas” y no quiero entrar en detalles de lo desagradable de sus
patas y sus cuellos, solo pienso que me resultan repugnantes. No son más lindas
que un perro, no son más divertidas que un perro y mucho menos más tiernas que
un perro. Pero cuentan con la simpatía de muchos y ahora las protegen para que
nadie las mate y bla, bla, bla. Las cucarachas son más odiadas por todos. Pero
tenemos que reconocer que las malditas son casi inmortales. Es una lucha poder
matarlas. Así que el recurso más utilizado para erradicarlas son los venenos.
Como cuando meten a un criminal a la cámara de gas, es una muerte de alguna
manera digna. Los gusanos de basura cuentan con algo más de suerte, los barren,
los lavan o algo se inventan pero nadie se pone a aplastarlos. Pero al final de
la lista de los indignos, con las muertes más indignas, están las ratas.
Debo confesar que me identifico con los perros, más
que con cualquier otro animal en el planeta, en todo el sentido de sus características.
Debe ser, en parte, porque soy hombre. Si fuera mujer no me gustaría que me
dijeran perra. Pero dejando el machismo a un lado, últimamente he sentido una
gran solidaridad, casi de género, con las ratas. Las pobres sufren muertes
terribles, indignas, “inratianas” (el equivalente a inhumanas para el que no
entienda) y muy poco consideradas. A quién le gustaría que le pusieran comida y
cuando vaya a tomarla en sus manos después de titubear al respecto, una barra
metálica descienda velozmente y le parta el cuello. O a quién le gustaría que
sobre el piso derramaran algún pegamento del que no te pudieras librar y solo
tuvieras como salida morir de hambre. Estoy seguro que a nadie.
Si algunos escritores definen el afán constante del
hombre por tener más y más como una “carrera de ratas”, yo defino esas
situaciones en las que, te ofrecen algo y luego te matan, como: “homicidios de
rata”. Me explico. ¿Cuántos han hecho cuentas con dinero que promete llegar y
en el último segundo se cae? Homicidio
de rata. ¿Cuántos han comprado cosas y cuando
las están empezando a disfrutar toca devolverlas? Homicidio de ratas. ¿Cuántos
han dejado todo con la esperanza de un cambio y luego que es peor? Homicidio de
rata. Cuando lo vi de esa manera, me dije, eres una vil rata. Una vil y
alcantarillera rata que se ha burlado de la muerte ¿Qué tal si te inmolas y
acabas con eso? Por un instante contemplé la posibilidad de tener control sobre
mis cosas, por placer y no por lo que otros puedan pensar. Pero si esa idea
fuese comunicada de alguna manera, a los famosos roedores, enfrentaríamos un
problema mayor al de la peste negra. En cualquier momento, cualquier rata, en
cualquier calle que se sienta cansada de tanto abuso explotaría.
Así que tengan cuidado cómo me tratan, cómo me miran
y las cosas que me dicen, porque en cualquier momento me inmolo. Piensen bien
las cosas que me van a dar o me van a quitar porque me inmolo. Y si me inmolo
yo, siembro la esperanza de inmolación y redención al resto de mi especie y se
lamentarían tanto Bullying. Si me inmolo hoy, como dice la ciencia, solo las
cucarachas sobrevivirían y ustedes, ustedes no son cucarachas.