Marca en la pared, al mejor estilo de un preso
aburrido, los días que han pasado desde la última vez que habló con ella. Ya no
sabe exactamente por qué sigue creyendo que siente algo. Es que, de su lista de
pretendientes, ya le encontró un reemplazo (o varios) y no le volvió a hablar.
Pero estúpido es el corazón y más estúpido es el que cree en las cosas que no
pasan. Estúpido entre los estúpidos se
levanta y recuerda cuando insaciablemente se conocían, insaciablemente se
coqueteaban, insaciablemente hablaban. Recuerda las promesas de un amor
secreto, de un amor furtivo, de un amor fugaz. Recuerda que solo debe quedar en
el secreto de su olvido porque nadie debe saber qué hablan y cómo hablan. Debe
ser que alucina, aun cuando no alucina. No está seguro de si le está escribiendo
o hablando. No tiene claro si le están leyendo sus mensajes o pensando en otra
cosa.
-
Hey tú, sí tú, dile al elefante rosado que está
volando sobre el monitor que vuelva en cinco minutos porque vamos a hablar.
-
Pero, hablar de qué a ver.
-
Hablemos de todo, de lo que no pasó, de lo que
no dijiste, de lo que no creí. Hablemos de lo que no entendí y de lo que nunca
diste a entender.
-
Eso sería no hablar o hablar de nada.
-
Entonces hablemos de otra cosa, por ejemplo de
tu película favorita, de esa serie de televisión que te encanta, de tus
artistas favoritos, esos que nunca he escuchado pero que ya mismo los estoy
googleando.
-
(Tararea alguna canción que suena en el fondo).
-
Y ¿qué más, cómo estuvo tu día?
-
Bien.
-
Mi día estuvo genial. Mucho trabajo pero bien.
Escuché esa canción que tanto me hace pensar en ti y cuando salí estaba sonando
otra vez y de nuevo pensé en ti. Antes de llegar a la casa entré al
supermercado y vi esa chocolatina que tanto te gusta y pensé en ti de nuevo. Es
que no te sales de mi cabeza.
-
Tiene como mucho tiempo libre para pensar cosas
que no debe.
-
Pues es inevitable. Pero, cuéntame algo de tu
día.
-
Me desperté, pensé en él todo el día y aquí
estoy pensando en él otra vez pero un poco distraída y aburrida.
-
Ah, ok. Bueno supongo que hablamos después.
-
No, no cuelgues.
-
Pero te estoy distrayendo de tus muchas
ocupaciones. (Pensar en él)
-
No, es que ahora él debe estar hablando con
otra, bueno, con otras. Pero por favor no le digas a nadie, ni siquiera puedes
decir que hablamos, qué van a pensar de mí.
-
Eso pasa hasta en las mejores familias, pero
tranquila que yo le guardo el secretico.
-
Visto a las 11:43
Empieza a alistar todo para irse a la cama. Ya es
tarde, ya no van a responder más, ya se cansó de tanta estupidez. Toma la toalla,
se ducha para despejarse y refrescarse antes de dormir. Revisa el celular por
última vez y recibe una copia de la conversación de tres contactos diferentes.
Era un secreto bien guardado. No hay nada oculto entre el cielo y la tierra, ni
siquiera el hecho de lo poco que le importa a él. Apaga la luz, cierra los ojos
y sonríe. Sonríe porque será una plácida noche. Una noche en que se va a sentir
libre para soñar lo que quiera. Ya no es preso de su recuerdo, ya no es reo en
la cárcel del olvido. Extiende la mano hacia la pared y con la punta de los
dedos borra las marcas de los días pasados. Ya no importa si fueron cinco,
veinte, noventa y nueve o cien. Ajustó cuentas consigo mismo y su paz lo refleja.
Puede dormir tranquilo el que nunca mintió, puede vivir tranquilo el que saludó
y se despidió con el corazón. Da media vuelta y se dice a sí mismo: hasta mañana,
aunque tal vez debió decir, hasta nunca.
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