miércoles, 11 de septiembre de 2013

Apareces, desapareces.

Apareces de la nada, con tu carita y tus palabras. Apareces con nada en las manos excepto un paquete de promesas. Apareces para hacer que crea, para hacer que olvide las heridas. Apareces para calentar mis noches frías. Apareces y sin cuestionar te dejo entrar, te invito a seguir, te hago dueña y señora de casi todo. -Todo lo que no ves es tuyo. -Por qué lo que no veo. -Porque lo intangible es lo que más valor tiene. -Pero quiero lo que se ve y lo que no se ve, lo quiero todo y punto. Apareces con tu ambición para dejar que fragüe lentamente la idea de no sacarte, que fragüe lenta y dolorosamente mi obsesión porque te quedes. Aceleras la llama con tu aliento en mi oído, la aceleras estratégicamente con tus susurros para que creas que soy yo el que tiene afán. Apareces y pareces perdida, tal vez una pérdida más que le encuentro a mi lista, perdida o no, decides pasar al menos la noche.

Desapareces como tienes por costumbre. Recorro cada rincón, cada pliegue de mi cuerpo para tratar de encontrar tu aroma. Recorro mi ser para tratar de encontrar el mío al menos, porque siempre que desapareces te llevas todo mí. Desapareces como tienes por costumbre, vienes llorando, te quedas peleando y te vas sonriendo. Desapareces como hacen los fantasmas, que aunque muy amigables sean, tienden a desaparecer cuando se aburren. Desapareces para llevar al límite mi cordura, para serruchar las vigas que sostienen el techo que resguarda la esperanza de que algún día aparezcas y te quedes. Con lamentos recorro mis lugares, sollozando tus lugares, a gritos nuestros lugares. Esos lugares que si hablaran, darían testimonio de mi sufrimiento.

Apareces, sublime, perfecta, casi inalcanzable de nuevo, disfrazando el abatimiento y el cansancio de tantas guerras perdidas. Apareces con un regalo en tus manos y una promesa en tus labios. Promesa que he escuchado tantas veces que perdí la cuenta. Llenas todo con tu olor de nuevo y sacias mis ganas de ti. Te rindes en mis brazos y perdemos la noción del tiempo y de la vida.

Desapareces antes de que abra mis ojos. Desapareces sin que lo note, desapareces y me dejas peor que al principio. No puedo ni maldecir el momento en que te dejé entrar, porque sumando, malditos serían todos mis días. Desapareces sin razón con razones que siempre te sobran a la hora de volver.

Apareces, jurando con lágrimas en los ojos que no te volverás a marchar. Incrédulo vacilo un segundo antes de dejarte entrar, pero acaso podría dejarte ahí.

Desapareces cuando volteo la cabeza para indicarte el camino. Desapareces más rápido de lo que imagino.

Apareces para evitar que muera.

Desapareces para ahondar la herida.

Apareces porque sí.

Desapareces sin porqué


Apareces, desapareces. Eso hacen los fantasmas.

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