Apareces de la nada, con tu
carita y tus palabras. Apareces con nada en las manos excepto un paquete de
promesas. Apareces para hacer que crea, para hacer que olvide las heridas.
Apareces para calentar mis noches frías. Apareces y sin cuestionar te dejo entrar,
te invito a seguir, te hago dueña y señora de casi todo. -Todo lo que no ves es
tuyo. -Por qué lo que no veo. -Porque lo intangible es lo que más valor tiene. -Pero
quiero lo que se ve y lo que no se ve, lo quiero todo y punto. Apareces con tu
ambición para dejar que fragüe lentamente la idea de no sacarte, que fragüe
lenta y dolorosamente mi obsesión porque te quedes. Aceleras la llama con tu
aliento en mi oído, la aceleras estratégicamente con tus susurros para que
creas que soy yo el que tiene afán. Apareces y pareces perdida, tal vez una
pérdida más que le encuentro a mi lista, perdida o no, decides pasar al menos
la noche.
Desapareces como tienes por
costumbre. Recorro cada rincón, cada pliegue de mi cuerpo para tratar de
encontrar tu aroma. Recorro mi ser para tratar de encontrar el mío al menos,
porque siempre que desapareces te llevas todo mí. Desapareces como tienes por
costumbre, vienes llorando, te quedas peleando y te vas sonriendo. Desapareces
como hacen los fantasmas, que aunque muy amigables sean, tienden a desaparecer
cuando se aburren. Desapareces para llevar al límite mi cordura, para serruchar
las vigas que sostienen el techo que resguarda la esperanza de que algún día aparezcas
y te quedes. Con lamentos recorro mis lugares, sollozando tus lugares, a gritos
nuestros lugares. Esos lugares que si hablaran, darían testimonio de mi
sufrimiento.
Apareces, sublime, perfecta, casi
inalcanzable de nuevo, disfrazando el abatimiento y el cansancio de tantas
guerras perdidas. Apareces con un regalo en tus manos y una promesa en tus
labios. Promesa que he escuchado tantas veces que perdí la cuenta. Llenas todo
con tu olor de nuevo y sacias mis ganas de ti. Te rindes en mis brazos y
perdemos la noción del tiempo y de la vida.
Desapareces antes de que abra mis
ojos. Desapareces sin que lo note, desapareces y me dejas peor que al principio.
No puedo ni maldecir el momento en que te dejé entrar, porque sumando, malditos
serían todos mis días. Desapareces sin razón con razones que siempre te sobran
a la hora de volver.
Apareces, jurando con lágrimas en
los ojos que no te volverás a marchar. Incrédulo vacilo un segundo antes de
dejarte entrar, pero acaso podría dejarte ahí.
Desapareces cuando volteo la
cabeza para indicarte el camino. Desapareces más rápido de lo que imagino.
Apareces para evitar que muera.
Desapareces para ahondar la
herida.
Apareces porque sí.
Desapareces sin porqué
Apareces, desapareces. Eso hacen
los fantasmas.
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