Soy de ese tipo de tipos que mantiene la esperanza
hasta el final, en secreto, en lo profundo del corazón, seguramente porque
aparenta ser de ese tipo de tipos que ven el vaso medio vacío. Soy de ese tipo
de tipos, como la mayoría de tipos, que juega a parecer duro. De ese tipo de
tipos que vive en un mundo análogo, imaginario, absurdamente infinito,
absurdamente imposible. Un tipo, de ese tipo de tipos, que construye su
fantasía cada mañana, porque como suele suceder los mundos imaginarios colapsan
ante la cruel y fatal realidad que los condena a no existir. Esos mundos que
deberían ser, al menos, mundos paralelos que nos den el consuelo de saber, que
en lo intocable de nuestros destinos, esos otros “Yo” la están pasando bien.
Universos que se conectan tanto como para guardar en sí mismos la complicidad
de un beso furtivo. Que guarden secretos profundos, tan profundos que no deben
ser callados porque al final, envueltos en el absurdo, terminan por contarlo a
gritos a los cuatro vientos. Soy de ese tipo de tipos que cree que hay mundos
en los que hasta un parqueadero guarda el secreto de un romance prohibido, que
los arboles dan sombra a la luz de la luna y que los animales son representaciones
vivientes de nuestros sueños, tal vez hasta de nuestros nombres.
No estoy sujeto al prototipo al que se sujetan esos
sujetos indolentes y altivos, verdugos de sí mismos, asesinos de sus propios
sueños y mártires a su vez de su propia estupidez. No con esto quiero decir que
soy un sujeto que no se sujeta a cierto tipo de prototipos que me hagan del
tipo de muchos tipos. Solo digo que un sujeto que no sujeta su geta, no es del
tipo de tipos que encajan en arquetipos, porque no la sujeta por dejarla libre,
sino por pensar libre. Es ahí mismo donde el problema nace y la tortura yace. Pensar
libre para luego existir libre, vivir libre y morir cautivo. Porque siempre muere
cautivo el que pensó que por pensar libre jamás le romperían el corazón. Ese
soy yo. Un tipo de esos tipos que jura no estar sujeto al estilo de los sujetos
que se confunden con el montón, pero que carente de excelencia termina esclavo
de un perpetuo camuflaje de apariencias vanas. Libre de hablar, mientras hable
de corazón. Esclavo de lo que dice, como esclavo es quien habla guiado por el
corazón. No estoy sujeto a ese prototipo al que se sujetan ciertos sujetos,
porque no hay nada extraordinario en ellos. No lo hay en ellos y no lo hay en
mí. Simplemente soy diferente por la compleja contradicción que en mí mismo
represento, cautivo de mi libertad y real en la ilusión de mi imaginación.
Siempre contradictorio y siempre fiel al
prototipo de tipos como yo, termino odiando en quien me convierto. Porque soy
de ese tipo de tipos, que de entre tantos tipos de tipos, escogió ser del tipo pusilánime
y procrastinado. De los que juran que, el no que sale de sus bocas, será el
definitivo. De los que creen que proponerse no llamar, no escribir, no buscar,
es en definitiva la certeza del absoluto cumplimiento de su afirmación, sin
saber que en el fondo se oculta la perversa necesidad de ser contario a ella y
morir lento hasta terminar llamando, escribiendo y buscando. Siempre he querido
ser del tipo de tipos que dicen no más con la tranquilidad que genera concluir
un episodio. Siempre he querido ser un sujeto, sujeto al estilo de los sujetos
que erguidos y con la frente en alto van por la vida sin recuerdos tormentosos.
Pero maldita sea la suerte que se burla de mí, que me ve pasar errante como ese
tipo de tipos incapaces de olvidar, que cotillea con suertes ajenas, mejores
que ella, nutriéndose de mi soledad. Soy de ese tipo de tipos que al final
resulta no ser de ningún tipo. Soy de esos sujetos que no se sujetan al estilo
de muchos sujetos, pero que indiscutiblemente anda siendo ese tipo de tipos
igual a todos los tipos.
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