jueves, 14 de marzo de 2013

Si el dinero no importara



Qué tan rico sería realmente el que como yo, naciera en cuna de plata con una familia disfuncional. Qué tan rico sería el que como yo, nunca viera a sus papás y sus abuelos juntos en una foto familiar pero compitieran entre sí por quién da más y mejores cosas. Qué tan rico sería el que como yo, fue presionado por mucho tiempo para que fuese infeliz siguiendo una carrera esencialmente opuesta a sí mismo. Qué tan rico sería el que tiene todo pero al final no tiene nada de valor.

El consumismo me enseñó desde pequeño a sobrevalorar el término riqueza. A medir a la gente importante por la cantidad de billetes en su bolsillo. Cuántos carros tiene, cuántos viajes hace, cuántas veces sale del país, si viaja en bus o en avión. El consumismo, y mi familia, acabaron con mi infancia y el placer de sentarse en el piso, jugar en la calle, aplastar bichos y chorriarme de helado.

Pero si el dinero no importara qué tan rica hubiese sido mi familia. Seguramente la más miserable de todas. No habría motivo para reuniones familiares. No habría excusa para al menos una llamada. No habría familia. Si el dinero no importara tal vez mi papá y solo él, tendría suficiente riqueza como para mantenerme. Siempre fui la oveja negra y mi papá el que engendró lo negro en la oveja. Sin duda alguna él con su extraña percepción de la realidad, típico de un artista, hubiese sido mi mentor, mi confidente y mi mejor amigo.

Si el dinero no importara tal vez no habría pobreza y riqueza, solo felicidad e infelicidad. Simple pero cierto. Estarían los frustrados y los que se sienten realizados. Los capaces y los incapaces. Si el dinero no importara el diccionario no tendría en su listado una definición capitalista de pobreza. Si el dinero no importara, como dice Arjona, la potencia del norte quedaría en el sur y en lugar de soñar con hamburguesas perderíamos el sueño por un tamal. La coca seguiría siendo una medicina y el maíz un tesoro. Sé que no seríamos indios de taparrabos, seríamos gente. Lo que hoy poco vemos en las calles porque como dice mi abuela “Interés cuánto valés”.

Si el dinero no importara seríamos más felices.

viernes, 8 de marzo de 2013

Gracias a Dios no nací mujer...



Gracias a Dios no nací mujer porque me habría perdido la oportunidad de ver, ajeno a la complejidad emocional que las caracteriza, cómo ni se entienden a sí mismas pero quieren que las entendamos. Gracias a Dios no nací mujer porque no hubiese podido seguir el curso normal de mi día con un gripe encima. Gracias a Dios no nací mujer porque no hubiese sido lo suficientemente valiente como para sonreír mientras me destruyeran ciertos dolores naturales. Gracias a Dios no nací mujer porque hubiese sido un desastre haciendo varias cosas al tiempo. Gracias a Dios no nací mujer porque no hubiese podido amar por naturaleza.

Hoy me tomo unos renglones para conmemorar, más que celebrar, que en mi país poco o mucho las mujeres son privilegiadas. Porque pueden ser cabeza de familia y cabezas de empresa. Porque pueden dirigir y también servir. Porque nos dominan aunque digamos que somos machistas. Porque todo gira en torno a ellas. Sí, todo se resume en la mirada de una mujer, en la sonrisa de una mujer, en un beso de una mujer.

Si hubiese sido mujer tal vez sería solterona, amargada, cejona y sarcástica (descripción que corresponde a un paralelo conmigo mismo como hombre y no busco ofender a nadie). Pero tengo la certeza de que aún así al menos un hombre en la tierra daría lo que fuera por hacerme feliz. Porque al final para los hombres todo nuestro universo son ustedes mujeres.

viernes, 22 de febrero de 2013

La Venus Del Espejo



La soledad es el enemigo más grande de la mujer y a su vez, el amigo más peligroso que pueda tener. Es en ella misma, la falta de razón que perturba la salud del pensamiento de quien sea su fiel aliado. Desolada, perturbada y hermosa vive Luciana. Una casa antigua de su pertenencia es el escondite perfecto para ella hace más de 20 años. Sola y muy bien acompañada recorre los pasillos y los rincones de su palacio imaginario, deteniéndose en cada espejo para deleitarse en su propia belleza. Por poco narcisa, por poco perfecta, por poco enamorada de ella misma pasa hora tras hora de sus días contemplándose.

Cada mañana entra a la cocina con afán de preparar las dos tazas de café que sirven de consuelo y alimento para Augusto y para ella. Perfecto, casi como ella; de piel blanca, casi como la de ella; de labios rojos, casi como los de ella; de ojos profundos, casi como los de ella; de apariencia casi como la de ella no prueba ni un sorbo del café, solo se sienta a contemplar la belleza de Luciana hasta que la silla queda vacía. Misteriosamente jamás han cruzado palabra, solo compañía. Misteriosamente nadie jamás le ha visto excepto ella. Misteriosamente no vive, únicamente lo hace para ella.

Se levanta de la mesa urgida y ansiosa de recorrer espejo por espejo de su casa, pero su cotidiano ritual no comienza hasta que entre en su cuarto y pose desnuda ante su más grande amor. Lentamente desprende su vestido y lo deja caer de arriba hacia abajo. Su piel, como de durazno, queda expuesta. Se recuesta y pareciera que hasta los ángeles le ayudaran. 

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Toma aire, se sonríe, abre los ojos para mirarse y entre un borroso reflejo despierta a la realidad. La soledad le ha robado la cordura.

viernes, 8 de febrero de 2013

Todo Da Igual



Lentamente caminaba por las oscuras calles de la ciudad que lo vio crecer. Lentamente suspiraba entre los reflejos de las luces en los charcos de un pavimento mojado, lenta pero desesperadamente lo hacía como quien toma aire luchando por no ahogarse tras naufragar. Lentamente trata de convencerse de no morir, de no vivir, de pensar, de no pensar, de no cruzar al otro lado. Buscaba donde escampar de tanto llanto, una trinchera para resguardarse de tanto dolor. Pero qué inútil intentar cuando ni siquiera el corazón tiene suficiente fuerza para palpitar.


Detenido, nota que sin darse cuenta ha caminado más calles esa noche que en toda su vida. Lejos del chofer y del aire acondicionado de su coche último modelo, lejos de su familia y su trabajo, lejos de la gente, lejos del sudor, lejos de la lejanía misma busca encontrarse con algo o alguien que le devuelva la vida. Tal vez solo necesite encontrarse consigo mismo. Paralizado como el árbol que lo acompaña, ni la lluvia ni el viento en su cara lo hacen recuperar la cordura.


Por qué tanto dolor sería necesario, ó, por qué tanto dolor resultaría innecesario. Por qué damos vueltas inútiles alrededor de un sol al que no le importamos, por qué seguimos ahí parados bajo una luna que solo nos mira para burlarse. Por qué la gente a su alrededor se espanta, por qué los que logran verlo no se compadecen. Qué tiene en su cara que no produce ni lástima.


Ahí, aquí o allá todo es lo mismo, el mismo lugar, el mismo círculo infinito de desgracias y alegrías. Llanto o sonrisa, todo da igual. Lluvia o sol, todo da igual. Miedo o certeza, todo da igual. Todo da igual para el alma de quien acaba de morir.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¡Oh Sorpresa!


Levantarse bajo un cielo gris, con un sol que prefiere esconderse para no ver tus desgracias. Tras un manto espeso de nubes el brillo se difumina, como se difumina mi alegría tras el velo del duelo. Dar dos vueltas en la cama y aunque enceste mil papeles en la basura sabré que no será un gran día. Pensarlo te arruina las esperanzas, reconocerlo te quita energía vital. Esa energía que necesitas para latir, amigo corazón. Sacar un brazo del capullo de cobijas en el que mutaste la noche anterior, con la esperanza de ser otra persona y no sentir el frío profundo de la madrugada que te golpea. Sacar el otro brazo pretendiendo estar acostumbrado pero chocas ante la cruda realidad: jamás te acostumbrarás.

Ir a la cocina brincando, sobre un piso que parece el piso de un iglú, por una taza de café caliente para abrigarse un poco. Oh sorpresa no hay café caliente. Abrir la alacena para prepararlo. Oh sorpresa no hay café para preparar. Resignado regresar  tratando de buscar el calor de donde ya se había pisado en busca de una ducha tibia que pueda reconfortar. Entrar al baño, cerrar los ojos, mirar hacia abajo expectante y girar la llave. Oh sorpresa no hay agua. Entrar al cuarto, pensar en cómo vestirse, escoger la combinación adecuada y abrir el armario. Oh sorpresa no hay ropa. Recordar en ese momento que no se necesita ropa porque no hay trabajo, no hay estudio, no hay compromisos, no hay que salir. Postrarse de nuevo sobre la cama, tomar el control remoto y oprimir el botón de encendido. Oh sorpresa no hay luz. Mirar un vacío en la cama, sentirlo tibio, oler un aroma y pensar que tal vez es tu aroma. Oh sorpresa no es tu aroma. Es la soledad misma que me acompaña cada segundo haciendo tormentosa mi existencia, vaciando los rincones, borrando los colores, espantando a mi musa, escondiendo los recuerdos y partiéndome los huesos.

Levantarse bajo un cielo gris, con un sol que prefiere esconderse para no verte a la cara. Dar una vuelta en la cama, abrir los ojos, confirmar que estás ahí, que todo era una pesadilla y tener la claridad que sin ti… Mi vida sería un caos. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

TODO ESTARÁ BIEN



Las tragedias invisibles que nos rodean a diario, hacen que nuestras frágiles almas parezcan insensibles. Gente corriente, que disfraza sus heridas con lujos y maquillaje. Gente frágil y muy ágil para hacer de sus tragedias obras minimalistas, empacadas en pequeñas cajas de cerillos que desearían tirar al fondo del mar. Pero el único mar cercano resulta ser el océano de problemas sobre el que navegan y la mayoría de las veces se hunden. Y ahí anaeróbicos viven, acostumbrados al tortuoso vaivén de  las olas como niños mecidos en hamacas que parecen disfrutarlo, pero que al final irremediablemente terminaran enfermando.

Un panorama invisiblemente real que describe el tamaño de tormento en el que vive Marcela. Que sentada sobre un pequeño resalto de andén sufraga la votación interna de la mejor decisión por tomar. Suplicar, huir, humillarse y arrastrase fueron los candidatos preferidos en esta vuelta electoral, que aún no define ganador. Pero qué difícil es elegir cuando no solo depende la desgracia de tu vida. Cuando sin querer depende de ti, la desgracia o la alegría de la pequeña inocencia que te acompaña porque solo tiene algo seguro en la vida, el amor de una madre. Carolina que apenas supera los diez años, no puede elegir porque no tienen edad de votar en la vida, ni en su propia vida. Una dependencia total de las decisiones de su madre e ingenuamente culpable de las malas consecuencias.

Un borde de andén, una muñeca en las manos y ropa costosa es lo único que la acompaña, por su parte Marcela carga no solo la nostalgia, la desesperación y la incertidumbre sino en costales y cajas, como una “simple” desplazada, las pocas pertenencias que le tiraron por la puerta tras su salida. Ahora tendrá que comerse sus palabras y ver que a los que consideraba simples y nada, eran realmente guerreros del camino. Titubeante Carolina rompe el silencio -Mami me prometes que vamos a recoger a moticas-. Marcela no sabe si tragarse el odio que siente por Juan Pablo o tragarse el llanto para contestar sin que note su amargura. Toma aire y responde –Mi amor mañana pasamos y vemos como está-. Un silencio profundo, la muñeca que gira en las pequeñas manos de la niña, un suspiro y una nueva pregunta – ¿Mi Papi estaba muy bravo contigo cierto? Es que él no se siente bien cuando sale del estudio -. –Si mi amor es que tiene mucho trabajo y sale un poco estresado-. La nena se limpia la frente como si el cabello le molestara, mira su muñeca y apoya su carita sobre su mano derecha que se apoya sobre su rodilla derecha y sopla su propia cara entre angustia y aburrimiento. Mira a su alrededor bastante desubicada y con cara de preocupación.

Marcela toma un espejo que lleva en el bolso y con polvos se sigue cubriendo la alcoholizada marca que le dejo en el rostro Juan Pablo. Ese hermoso rostro que algún día acarició con delicadeza pero que pasado el tiempo no era más que un saco de boxeo en el que desahogaba su borracha frustración. Ese rostro que un día brillaba pero que ahora se opaca de dolor está a punto de decidir. Mira disimuladamente y de reojo a su hija, guarda los polvos en el bolso y lo cambia por un labial. Carolina le dice a su mamá que tiene hambre. Ella revisa la billetera y disimuladamente cuenta los billetes que tiene, sabe que no le alcanza para una noche de hotel y una comida así que ahora debe decidir para cual de los dos deba alcanzar. Le responde a su hija –Ya vamos a comer algo mi amor, ¿qué quieres?- La niña le responde pensativa y frustrada que tal vez una hamburguesa con un malteada. Marcela abre los ojos espantada por la elección de su hija, guarda todo lo que tiene en las manos y la abraza. Carolina se rasca los ojitos que no han tocado el llanto ese día y le dice a la mamá –Tengo sueño mami, ¿dónde vamos a dormir?- Marcela suspira, le consiente la cabeza y le responde –No sé mi amor, pero todo estará bien-. Cierra los ojos para no llorar respira profundo y acompaña silenciosamente a su hija y a sus costales de ropa. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Al olvido el olvido...


He tratado desde hace algún tiempo de re-descubrirme cada mañana para tratar de sacar todo el potencial que hay en mí. He tratado desde hace algún tiempo de explorarme cada mañana para saber qué debo cambiar. He tratado desde hace algún tiempo de modificar los patrones conductuales negativos que lastiman y destruyen la magia con la que me encantas.

Pero he fracasado en mi intento de auto-mejorarme. He fracasado en el propósito de auto-superarme. He desistido de la idea de nutrir un Yo defectuoso para tratar de compensar el daño que en sí mismo producen los vacíos emocionales y morales con los que he crecido.

No he podido, sencillamente, porque busqué soluciones en lugares equivocados. No he podido porque busqué compensar con detalles equivocados. No he podido porque intenté suspirar suspiros ya suspirados, de recrear momentos recordados y de vivir intimidades ya intimadas.

Me olvidé de innovar. Me olvidé de la "extraordinariedad" característica de dos seres extraordinarios que se rinden ante la "superlativización" de sus superlativos sentimientos. Me olvidé que los errores del pasado no cuentan porque ya no los cuentas. Me olvidé que el perdón es más poderoso que la culpa porque no me culpas. Me olvidé de ti, me olvidé de mí, me olvidé de nosotros.

Ahora ya no quiero re-descubrirme. Ahora ya no quiero re-descubrirte. Quiero re-descubrir la infinitud de un amor infinito, la eternidad de un amor eterno y la mutabilidad de un amor vivo. Quiero quemarme en tus brasas y en tus brazos. Quiero ahogarme en tus suspiros. Quiero vivir con los latidos de tu corazón, que ya no late egoístamente solo por ti, sino que se une al mío para componer el agradable beat de la canción que nos une.

Ya no quiero lo que quería. Quiero lo quiero porque lo que quiero es lo que siempre quise y no me daba cuenta de que lo quería por andar perdido en cosas que no quiero. Lo que haces, eso quiero. Lo que sueñas, eso quiero. Lo que vives, eso quiero. Lo que eres eso amo.