He pasado toda la vida cuidando mi hígado, mi
páncreas, mi corazón y mi estómago. Con esos antecedentes genéticos no puedo
darme el lujo de andar desperdiciando células a diestra y siniestra, uno nunca
sabe cuándo vaya a necesitarlas en serio. Mi cuadriculada vida ha sido siempre
igual, monótona como eso, como una cuadrícula. Entre medicamentos, dietas y
religión, he pasado escondido los últimos 26 años de mi amarga existencia
absteniéndome de las mieles de algunas comidas y muchos vicios placenteros (como
el sexo y esas cosas malas). Me he dedicado a escuchar las aventuras de mis
amigos y la descripción de sus gustos culposos. Digamos que en materia de
comidas no ha sido mucho lo que no he probado, si peco en algo es en ser
demasiado glotón, pero en cuanto a bebidas se refiere soy un ignorante total.
Cada vez que voy a un café termino por pedir algún coctel de colegiala con
muchas frutas y colores. Pero no más. Me cansé de que el mesero le sirva el
coctel a mi acompañante y ponga cara de asombro cuando deba advertirle que no
es para ella sino para mí. Hoy, he decidido hacerles caso omiso a todas las
advertencias médicas y obedecer a mi naturaleza masculina que dicta que todo
macho de pelo en pecho y espuma al orinar debe ser buen bebedor.
Majestuosas y premiadas existen en mi país. Rubias,
morenas, rojas, ligeras, nacionales e importadas, de todo tipo y variedad, la
reina de las bebidas se presenta burbujeante y seductora para hacerse desear
por los pobres e inocentes bebedores. Me rindo ante la tentación en un bar
cualquiera de un parque cualquiera. Un bar de esos que con el nombre hacen
temblar la billetera porque en la carta las bebidas nacionales valen lo de las
importadas y las importadas valen lo que vale importarlas, exportarlas y de
nuevo importarlas. Me siento cerca de la barra para ahorrarle la fatiga al
mesero y acabar con mis ahorros, es que tengo pensado probarlas todas. Empiezo
con una ligera nacional. El primer sorbo es más amargo de lo que imaginaba, no
me gusta para nada. No sé cómo hacen para tomar y tomar de esto sin hacer mala
cara, tenía otra idea en mi cabeza. El segundo sorbo baja más suave. Sabe mucho
mejor. Es burbujeante, espumosa y está muy helada. Tomo un tercer sorbo,
pequeño, lo saboreo y lo trago. Me desaparece la sed es una bebida mágica, sin
duda alguna los egipcios son unos genios por haberla inventado. Sin darme
cuenta la termino y parece que al final sabe a gloria. La segunda en la mesa es
una rubia nacional, no es nada especial. Es bastante más amarga, el mesero
tenía razón con eso. No supe en cuántos sorbos la terminé pero estaba como
buena, aunque no tanto. Me urge una tercera para seguir probando porque no me
convence mucho y el mesero se acerca con otra rubia extrafina nacional. Tiene
mucho sentido eso de que las cosas buenas toman su tiempo. No sé mucho de
bebidas como lo dije pero esta se siente más añeja que las demás.
De la misma casa una morena y quisiera poder
decirles a qué sabe pero me urge ir al baño. Qué afán me dio de la nada, siento
que la vejiga se me va a estallar. Voy y vuelvo del baño en un santiamén y hay
una roja en la mesa cuando regreso. Sabe diferente, como entre la ligera y la
morena o la morena y la normal o más bien normalmente morena ligera. No sé si
ya les dije pero la nena de la mesa de al lado está cada vez más linda. Viene
el turno de las importadas. Una botella verde se asoma en la bandeja del
mesero. Es muy curioso que no se le caiga si la mueve como tabla de surfear
cazando ola. La pone sobre la mesa y ahora esta se mueve con ella. Le doy la
mano al mesero porque ha sido un gran mesero, el mejor mesero del mundo, se
merece una buena propina pero mejor le doy un abrazo que hijuepuyas (perdón con
las señoritas). Esta de botella verde sabe a agua, no sé cómo. ni por qué pero
baja en tres sorbos. Viene una alemana de botella oscura que se tambalea más
que la anterior y la recibo con mucha alegría.
Qué música tan buena la de este sitio, qué
ambiente, qué gente tan querida, que niñas tan lindas. Cómo los quiero a todos.
Después de la anterior todas saben a agua. No les encuentro mucho el gusto por
lo que me veo obligado a seguir probando. Si supieran cuánto los quiero, no
dejen de leerme por favor que ustedes son los mejores lectores del mundo. Los
amo porque son unos verracos, no se preocupen por mí que si esto se publica es
que llegué vivo a la casa.
Belgas e inglesas se acomodan en mi mesa, como los machos de verdad. Parece que todos
tienen ataque de risa. Todos menos mi billetera que empieza a sufrir por la
cuenta. Pero no hay de qué preocuparse le digo yo, eso ahí miramos qué hacemos.
Cantemos para alegrar el ambiente mejor. En estos chuzos no ponen ranchera o
qué, que me pongan a “Chente” que esto se compone.
Quiero confesarles algo…
Tráiganme otra porque quiero confesarles algo desde
el corazón, otra "monita" de esas…
¡Yo no quiero agua, yo quiero bebida! ¡¿Cuál chito?!
Es que mi plata no vale que no puedo cantar o qué. Venga amigo yo estoy bien,
perdón, de verdad perdóneme pero es que estoy triste, o bueno, no triste, estoy
feliz, o bueno no feliz, estoy… balde. Páseme un balde que no me siento bien.
Qué le echaron a esto ustedes le echaron algo. Cómo
que no sé tomar, yo sé tomar porque no me echo la cerveza encima ¿Que cómo me
llamo, qué dónde vivo, que dónde estoy? Me va a dar trabajo o qué que esto
parece una entrevista. Yo no necesito trabajo, yo necesito saber y quiero saber
si me amas tú, jajajajajaja. No estoy borracho, no. Es que si el lobo de los
tres cerditos se comió a caperucita y besó a la bella durmiente entonces qué
pasó con los enanos de Blancanieves, a mí me devuelven la plata. Cómo que no
entiende lo que digo, yo no hablo inglés, le estoy hablando un alemán claro. Yo
pago esa pinche cuenta ¿cuánto es o qué, cuántas me tomé?
Ustedes sí es que son muy líchigos peleando por 8
cervezas. Mire no me gustó su chuzo mejor me largo y para que conste: no le
encuentro el gusto a la cerveza.
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