miércoles, 9 de octubre de 2013

No le encuentro el gusto a la cerveza

He pasado toda la vida cuidando mi hígado, mi páncreas, mi corazón y mi estómago. Con esos antecedentes genéticos no puedo darme el lujo de andar desperdiciando células a diestra y siniestra, uno nunca sabe cuándo vaya a necesitarlas en serio. Mi cuadriculada vida ha sido siempre igual, monótona como eso, como una cuadrícula. Entre medicamentos, dietas y religión, he pasado escondido los últimos 26 años de mi amarga existencia absteniéndome de las mieles de algunas comidas y muchos vicios placenteros (como el sexo y esas cosas malas). Me he dedicado a escuchar las aventuras de mis amigos y la descripción de sus gustos culposos. Digamos que en materia de comidas no ha sido mucho lo que no he probado, si peco en algo es en ser demasiado glotón, pero en cuanto a bebidas se refiere soy un ignorante total. Cada vez que voy a un café termino por pedir algún coctel de colegiala con muchas frutas y colores. Pero no más. Me cansé de que el mesero le sirva el coctel a mi acompañante y ponga cara de asombro cuando deba advertirle que no es para ella sino para mí. Hoy, he decidido hacerles caso omiso a todas las advertencias médicas y obedecer a mi naturaleza masculina que dicta que todo macho de pelo en pecho y espuma al orinar debe ser buen bebedor.

Majestuosas y premiadas existen en mi país. Rubias, morenas, rojas, ligeras, nacionales e importadas, de todo tipo y variedad, la reina de las bebidas se presenta burbujeante y seductora para hacerse desear por los pobres e inocentes bebedores. Me rindo ante la tentación en un bar cualquiera de un parque cualquiera. Un bar de esos que con el nombre hacen temblar la billetera porque en la carta las bebidas nacionales valen lo de las importadas y las importadas valen lo que vale importarlas, exportarlas y de nuevo importarlas. Me siento cerca de la barra para ahorrarle la fatiga al mesero y acabar con mis ahorros, es que tengo pensado probarlas todas. Empiezo con una ligera nacional. El primer sorbo es más amargo de lo que imaginaba, no me gusta para nada. No sé cómo hacen para tomar y tomar de esto sin hacer mala cara, tenía otra idea en mi cabeza. El segundo sorbo baja más suave. Sabe mucho mejor. Es burbujeante, espumosa y está muy helada. Tomo un tercer sorbo, pequeño, lo saboreo y lo trago. Me desaparece la sed es una bebida mágica, sin duda alguna los egipcios son unos genios por haberla inventado. Sin darme cuenta la termino y parece que al final sabe a gloria. La segunda en la mesa es una rubia nacional, no es nada especial. Es bastante más amarga, el mesero tenía razón con eso. No supe en cuántos sorbos la terminé pero estaba como buena, aunque no tanto. Me urge una tercera para seguir probando porque no me convence mucho y el mesero se acerca con otra rubia extrafina nacional. Tiene mucho sentido eso de que las cosas buenas toman su tiempo. No sé mucho de bebidas como lo dije pero esta se siente más añeja que las demás.

De la misma casa una morena y quisiera poder decirles a qué sabe pero me urge ir al baño. Qué afán me dio de la nada, siento que la vejiga se me va a estallar. Voy y vuelvo del baño en un santiamén y hay una roja en la mesa cuando regreso. Sabe diferente, como entre la ligera y la morena o la morena y la normal o más bien normalmente morena ligera. No sé si ya les dije pero la nena de la mesa de al lado está cada vez más linda. Viene el turno de las importadas. Una botella verde se asoma en la bandeja del mesero. Es muy curioso que no se le caiga si la mueve como tabla de surfear cazando ola. La pone sobre la mesa y ahora esta se mueve con ella. Le doy la mano al mesero porque ha sido un gran mesero, el mejor mesero del mundo, se merece una buena propina pero mejor le doy un abrazo que hijuepuyas (perdón con las señoritas). Esta de botella verde sabe a agua, no sé cómo. ni por qué pero baja en tres sorbos. Viene una alemana de botella oscura que se tambalea más que la anterior y la recibo con mucha alegría.
  
Qué música tan buena la de este sitio, qué ambiente, qué gente tan querida, que niñas tan lindas. Cómo los quiero a todos. Después de la anterior todas saben a agua. No les encuentro mucho el gusto por lo que me veo obligado a seguir probando. Si supieran cuánto los quiero, no dejen de leerme por favor que ustedes son los mejores lectores del mundo. Los amo porque son unos verracos, no se preocupen por mí que si esto se publica es que llegué vivo a la casa.

Belgas e inglesas se acomodan en mi mesa, como los machos de verdad. Parece que todos tienen ataque de risa. Todos menos mi billetera que empieza a sufrir por la cuenta. Pero no hay de qué preocuparse le digo yo, eso ahí miramos qué hacemos. Cantemos para alegrar el ambiente mejor. En estos chuzos no ponen ranchera o qué, que me pongan a “Chente” que esto se compone.

Quiero confesarles algo…

Tráiganme otra porque quiero confesarles algo desde el corazón, otra "monita" de esas…

¡Yo no quiero agua, yo quiero bebida! ¡¿Cuál chito?! Es que mi plata no vale que no puedo cantar o qué. Venga amigo yo estoy bien, perdón, de verdad perdóneme pero es que estoy triste, o bueno, no triste, estoy feliz, o bueno no feliz, estoy… balde. Páseme un balde que no me siento bien.

Qué le echaron a esto ustedes le echaron algo. Cómo que no sé tomar, yo sé tomar porque no me echo la cerveza encima ¿Que cómo me llamo, qué dónde vivo, que dónde estoy? Me va a dar trabajo o qué que esto parece una entrevista. Yo no necesito trabajo, yo necesito saber y quiero saber si me amas tú, jajajajajaja. No estoy borracho, no. Es que si el lobo de los tres cerditos se comió a caperucita y besó a la bella durmiente entonces qué pasó con los enanos de Blancanieves, a mí me devuelven la plata. Cómo que no entiende lo que digo, yo no hablo inglés, le estoy hablando un alemán claro. Yo pago esa pinche cuenta ¿cuánto es o qué, cuántas me tomé?


Ustedes sí es que son muy líchigos peleando por 8 cervezas. Mire no me gustó su chuzo mejor me largo y para que conste: no le encuentro el gusto a la cerveza.

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