Soy de esos amigos que nunca están presentes en los
buenos momentos, de los que se reservan para las hospitalizaciones, funerales,
accidentes, urgencias y matrimonios. Usualmente hago parte de las tragedias de
la vida de la gente por elección, porque me traumatizaron los letreros de
tienda que recordaban una y mil veces que los verdaderos amigos estaban en las
malas. Sí, la mayoría de las veces es mi decisión llorar con la gente en lugar
de celebrar y otras tantas es porque debo llevar encima una especie de
maldición que hace que me encuentre con la gente en los peores momentos de su
vida. La misma maldición, tal vez, que hace que camine sin mirar el piso y de
vez en cuando pise algún desecho orgánico, algún mojón que no encontró baño o
que no tuvo dueño que lo embolsara. Siempre el proceso de limpieza es el mismo.
Siempre me resulta asqueroso. Siempre maldigo y trato de ignorarlo, siempre,
menos ayer. Un paso en falso, o más bien, en blando, hizo que por poco acabara
con la vida de mi mejor amigo. Era casi imposible reconocerlo porque nunca lo
vi tan menguado, tan marrón, tan maloliente. Como dije, di un mal paso y lo
aplasté, el grito fue ensordecedor y terrorífico, me detuve a mirar qué había
sido y ahí estaba él entre habichuelas y granos de mazorca sin digerir. Lo
último que supe era que estaba enamorado, que se había alejado de todos por
culpa de su nuevo gran amor, también sabía que ella no lo trataba muy bien que
digamos, pero nunca pensé que se acostumbrara tanto a su maltrato que terminara
convertido en lo que siempre fue su modelo de comparación.
Cómo me dolió el alma al verlo así, ya no había
sonrisa en su rosto ni brillo en sus ojos. Ya no había perfume costoso, excepto
el del alto precio que pagó por terminar en esta condición. Me senté en el piso
a hablarle y en ese momento comenzó a llover, era su final. Las gotas empezaron
a caer, a deshacer su cuerpo y se dejó entrever un rollito de papel. Por
respeto esperé que la lluvia terminara de revelarlo y lo tomé. Tenía una letra
casi infantil, más bien inmadura, pero llena de sentimiento. Me tomo el
atrevimiento de transcribir lo que ahí decía para que sirva de ejemplo, pero
sobre todo, de consuelo para los que han pasado, pasan y pasarán por lo mismo:
Día 1.
Nunca he llevado un diario en mi vida y no sé cómo
debería escribirlo. Hoy conocí a la mujer más hermosa del mundo. Sus ojos
tienen una magia irresistible. Creo que cupido me flechó. No sé cómo se llama,
sólo la vi de lejos y no sé si algún día pueda hablarle.
Día 4
Me sigo sintiendo extraño de escribir esto pero no
quiero olvidar ni un solo segundo de lo que pasa con ella. Hoy me sorprendió
mientras la miraba, casi me muero de nervios. Es más hermosa de lo que
recordaba. La última vez que la vi no había notado que su piel fuera tan
hermosa, tan blanca, tan suave.
Día 8
Creo que me estoy enamorando. Cuando sonríe es como
estar en el paraíso. Sus ojos tienen el color de todos los colores. Todavía no
le hablo pero me basta verla de lejos para que mi mundo sea más que perfecto.
Día 12
Estoy planeando interceptarla y hablarle,
preguntarle cómo se llama y si no me muero del susto hasta la invito a salir.
Hasta ahora nunca la he sorprendido mirándome, ojalá sea un descuido de mi
parte y nada más.
Día 16
Hoy coincidimos en tiempo y en espacio y hablamos.
Me sentía en las nubes cuando pronunciaba mi nombre, quería que lo repitiera un
millón de veces. Nos agregamos a las redes sociales e intercambiamos PIN, ahora
sí se me están dando las cosas.
Día 32
No he dormido muy bien los últimos días, pero por
ella. Hablamos hasta la madrugada, compartimos tantos gustos que estoy
convencido que somos el uno para la otro. Estoy pensando en pedirle que seamos
algo más porque voy por buen camino.
Día 45
Hoy salimos por primera vez. Estuvimos en un café.
Nos tomamos unas cervezas y hablamos mil horas. La despedida fue lo mejor, lo
robé un beso.
Día 64
Ya no hablamos tanto como antes, es que está muy
ocupada con las cosas de la universidad. Espero que podamos volver a salir
algún día, no quiero creer que estoy metido en un video solo.
Día 128
La invité a salir mañana y me dijo que sí, voy a
comprar una camisa, me voy a afeitar y vamos a comernos un helado. Es un poco
inocente el plan pero hay que ir despacio. Creo que mejor no le digo nada de lo
que había pensado, esperaré un poco más y ahora sí tantearé el terreno con
ella.
Día 130
Creo que se me derrumbó todo lo que había pensado.
Me canceló la salida porque tenía que cuadrar una exposición para la
universidad. Casualmente la vi comiendo helado con un tipo en el centro
comercial. Debe ser una exposición sobre la composición molecular de los
helados, ella jamás me mentiría.
Día 150
Ya nada es lo mismo, excepto lo que siento por ella.
Le escribo al PIN, lo revisa y no contesta. Me ignora y me hace saberlo. Esto se
está volviendo una tortura. Creo que no le voy a volver a hablar. No voy a
hacer el ridículo. Debo ser fuerte y hacerme desear.
Día 150-2
No me aguanté y le hablé, me respondió como si no
me conociera. Creo que llegué al final de mi esperanza.
Día 151
Me habló porque necesitaba un favor. No hay más
novedades, solo indiferencia.
Día 170
No hay novedad qué reportar, excepto que solo pone
estados de amor, que obviamente no son para mí. Eso y más indiferencia.
Día 199
He perdido mi tiempo, mis amigos, mi vida. Por
mucho que trato de calmarme es muy difícil pasar el Niagara en bicicleta. Dónde
quedaron nuestras conversaciones, nuestro tiempo, nuestros mensajes. Qué fue de
lo que nos dijimos. Yo que creí, que pensé, que soñé. Ya nada queda, ni
siquiera más de su indiferencia. Gasté todos los suspiros que tenía en ella.
Qué ciego fui por escoger a quien no correspondió. Hoy ya no soy yo, solo el
triste desecho de un amor mal digerido y el vivo reflejo de lo que lo que nada
vale. Me convertí en las mismas tres tiras de lo poco que le importaba y lo que
parecía iba a ser el mejor recordatorio del mundo, se volvió en mi contra como
un constante aguijón de lo que pudo ser y no fue. Este maldito diario será mi
tormento, mi desgracia y mi ruina. Este diario, siempre será igual a los diarios
de los que no serán correspondidos.
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