martes, 24 de septiembre de 2013

El pelo que no sabía que era peluca

Esta es la historia de un pelo que no sabía que era peluca. Todas las mañanas se levantaba convencido de ser el más hermoso de los pelos, de la más hermosa cabellera. Radiante el sol que entraba por la ventaba, pretendía iluminar su folículo piloso, nutriendo de emociones toda su cutícula hasta llegar a la raíz. Era espléndido el brillo que podía tener. Con una sonrisa de oreja a oreja se dejaba consentir por las manos que lo recogían y recorrían cada centímetro de su ser. Era olido, revisado y cepillado minuciosamente cada mañana y cada noche, pero curiosamente el único pelo que se sentía diferente, entre los millones que lo acompañaban, era este.

Siempre tuvo miedo de lo que dijeran los demás, por eso se guardaba lo que sentía. De vez en mes se hacía el artista y dejaba escapar uno que otro comentario pero inmediatamente era masacrado por sus colegas. Vaya vida tan difícil la del que vive engañado. Vaya vida tan difícil la del que vive escondido. Todas las semanas recibía cariño extra. Cada jueves, siguiendo un ritual sagrado, era llevado a un tratamiento especial de limpieza y nutrición. Era un pelo real sin duda alguna, era un pelo de verdad.

Cierto día, mientras era cepillado, oyó hablar de un viaje. Era el viaje de su vida. Recorrería Suramérica en automóvil. Tardaron una semana en definir el itinerario  y el domingo en la noche tenían empacadas las maletas y subidas en la parte de atrás del carro. Partieron muy temprano en la mañana del lunes. Las maletas se tambaleaban y el techo del carro se había replegado para que la brisa y el sol lo acariciaran. No podía ser más fantástico el recorrido. Una que otra parada técnica para ir al baño, poner gasolina en el tanque y muchas paradas para tomar fotos. El pelo se lucía en cada captura, quería dar su mejor pose y su mejor ángulo. Era un viaje mágico.

Ya habían pasado Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Para cuando cruzaron la frontera con Argentina, un presentimiento lo hizo temblar de la raíz a la punta. Algo no andaba bien. La abundante cabellera que lo acompañaba ya no era tan abundante. El brillo que lo caracterizaba, había desaparecido. Debe ser la falta de cariño, debe ser que por cinco meses se habían olvidado de su tratamiento semanal de cariño y cuidados, los jueves en la noche. Debe ser que el descuido y el olvido lo estaban asesinando. Cómo hace un pelo para aferrarse a la vida, cómo hace para vivir lo que siempre estuvo inerte. Vivía lejos del sosiego, con un alma perturbada porque la brisa le dejaba ver como se arrancaban uno a uno sus oscuros homólogos.

Algo no andaba bien y ya era evidente. El recorrido, al menos para él, había terminado. Se consolaba pensando en todo lo que había vivido, aunque la tortura de lo que quería vivir le resultaba insoportable. Tal vez lo último que alcanzaría a ver sería el hielo impetuoso de la Patagonia, como  presagio de su frío final. Ya ni la Tierra de Fuego, donde estaba, podría abrigar el frío de la muerte que lo acorralaba. El último tramo atraviesa desde Santa Cruz hasta Buenos Aires y no se dio cuenta cómo llegó. Preso de la angustia y esclavo de un amargo desconsuelo sabe que al llegar a la capital en un salón de belleza dará el adiós final. Avenidas y calles que deberían estar llenas de vida y color parecen simplemente opacas y muertas.


Entran en un extraño recinto, la campanita suena al abrir y cerrar la puerta. Adiós Paraguay, adiós Brasil, su desierto y su carnaval, adiós al feliz regreso. Está tan distraído que no nota lo particular del lugar, no nota que hace mucho dejaron de notarlo. Pero con esa tranquilidad que sobreviene un momento antes de morir, abre los ojos para hacer fotografías mentales de todo. Justo ahí se percata que nunca había sido lo que siempre creyó. Que no está en un salón de belleza y que nunca lo necesitó. Que aquí todos parecen perfectos, que los pelos argentinos son divinos, más elegantes y estables. Abre los ojos y se percata que nunca tuvo claro que era un pelo más, en una peluca, de pelos cualquieras. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Pensándolo bien no es machismo, es sensualidad.

Este siempre ha sido un espacio de opinión. No discriminamos las ideas de la gente por su sexo, orientaciones, desorientaciones o mala ortografía (se les arregla antes de publicar). Hoy quiero compartir con ustedes uno de los textos más sentidos que se hayan publicado en este blog. Mi maestra, "La señorita de los Rines", se tomó unos minutos para sacarse la piedra del zapato y plasmar un par de ideas que espero les gusten tanto como a mí. Por ella, en gran parte, escribo como escribo. Por ella, en menor parte, soy como soy. Pero sin duda alguna por ella siento como siento porque nadie siente como ella. ("La señorita de los Rines" es su seudónimo, ustedes saben cómo son los artistas siempre ocultándose).

"El machismo está marcado por épocas de esclavitud, donde la mujer no era valorada intelectualmente, no tenía opinión pública y se convertía en la sombra de un marido, que sin importar clase social, era quien traía el pan y la leche. Muchas cosas han cambiado desde esos tiempos, hay que reconocerlo. Las mujeres de ahora deciden si ambicionan ir a la universidad, estudiar lo que su corazón les inspire, ser reconocidas por su intelecto, tener una posición propia en la sociedad y no esperar que el hombre lleve el pan y la leche a su casa, porque ellas ya pueden comprar la marca de leche que les guste o vaya con su dieta. Otras mujeres, sin que se valore menos su esfuerzo,  deciden quedarse en el hogar, atender a su esposo, cuidar de sus hijos y así son felices. Esa discrepancia enseña que ahora pueden opinar, llevar las riendas del hogar o hacer casi todo lo que se les antoje. Diferencias, que evidentemente,  definen nuestra sociedad entre una época y otra.


Por otra parte, también escogemos con quién queremos estar. Las mujeres salimos a la calle,  conocemos un hombre intelectualmente atractivo, físicamente seductor, de palabras encantadoras, que sabe de música y que tal vez interpreta melodías silenciosas de algún instrumento, opina algo sobre política, le gustan los niños y los ancianos, tiene ese pensamiento idealista de querer cambiar el mundo sin hacer nada, se plasma perfecto y nos saca una sonrisa. Nos hace suspirar y levitamos mientras disfrutamos de su compañía, pero ¿quién es ese hombre tan perfecto en realidad?

Con el tiempo, tal vez, se dan las cosas. Comenzamos a conocerlo un poco más. Es un personaje familiar, con una profesión interesante y prometedora y  nos damos cuenta que es un “buen partido”, hipotéticamente hablando. Cierto día, de ese idílico cuento de hadas, tomamos la decisión de vivir con él. Ahora, somos madres  que trabajan y estudian. Mujeres que nos desvelamos haciendo tareas y madrugamos para preparar desayuno y levantar los hijos para el colegio. Mujeres que deben recoger ropa sucia y lavarla, barrer, trapear y limpiar el polvo, ¡claro!, es que eso nos hace grandes mujeres ¿A caso no son muchas funciones para una sola persona? Dónde quedan las oportunidades profesionales que llegamos a perder al prevalecer nuestro instinto de madre. Entonces, en ese preciso instante nos preguntamos, ¿qué pasó con ese” hombre perfecto”?

Es el “Machismo civilizado” en todo su esplendor. El hombre “perfecto” no sabe cocinar y tampoco le interesa aprender, no “colabora” con recoger los calzoncillos del baño y mucho  menos los platos de la mesa después de comer. No sabe lavar ropa, ni cómo barrer o trapear, es aún no sabe lo sexy que se ve en delantal y por lo visto ni le importa enterarse. Piensa que siempre tendrá quien haga ese tipo de cosas, mamá, abuela, novia o esposa, disfraza la sumisión en palabras como “verracas”, “emprendedoras”, “echadas pa’ lante” y “hacendosas”,  excusas aberrantes que nos dejan en el mismo lugar de la época de nuestras abuelas. Excusas que muchas escuchamos al crecer, pero que olvidamos, o ignoramos, con el transcurso de los días.

Instruyámonos mujeres, ¿por qué engañarnos? la responsabilidad no es toda nuestra, la responsabilidad debe ser 50/50, y digo debe porque no puede ser negociable. El hombre tiene la misma “carga” a la hora de enfrentar el hogar. No soy feminista al 100%, porque en mí existe esa parte machista en la que el hombre debe llevar el paso en el baile, cuando te toma fuerte por la cintura y te sostiene contra su pecho. Aunque pensándolo bien  no es machismo, es sensualidad, y bastante que les hace falta por estos días."

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Apareces, desapareces.

Apareces de la nada, con tu carita y tus palabras. Apareces con nada en las manos excepto un paquete de promesas. Apareces para hacer que crea, para hacer que olvide las heridas. Apareces para calentar mis noches frías. Apareces y sin cuestionar te dejo entrar, te invito a seguir, te hago dueña y señora de casi todo. -Todo lo que no ves es tuyo. -Por qué lo que no veo. -Porque lo intangible es lo que más valor tiene. -Pero quiero lo que se ve y lo que no se ve, lo quiero todo y punto. Apareces con tu ambición para dejar que fragüe lentamente la idea de no sacarte, que fragüe lenta y dolorosamente mi obsesión porque te quedes. Aceleras la llama con tu aliento en mi oído, la aceleras estratégicamente con tus susurros para que creas que soy yo el que tiene afán. Apareces y pareces perdida, tal vez una pérdida más que le encuentro a mi lista, perdida o no, decides pasar al menos la noche.

Desapareces como tienes por costumbre. Recorro cada rincón, cada pliegue de mi cuerpo para tratar de encontrar tu aroma. Recorro mi ser para tratar de encontrar el mío al menos, porque siempre que desapareces te llevas todo mí. Desapareces como tienes por costumbre, vienes llorando, te quedas peleando y te vas sonriendo. Desapareces como hacen los fantasmas, que aunque muy amigables sean, tienden a desaparecer cuando se aburren. Desapareces para llevar al límite mi cordura, para serruchar las vigas que sostienen el techo que resguarda la esperanza de que algún día aparezcas y te quedes. Con lamentos recorro mis lugares, sollozando tus lugares, a gritos nuestros lugares. Esos lugares que si hablaran, darían testimonio de mi sufrimiento.

Apareces, sublime, perfecta, casi inalcanzable de nuevo, disfrazando el abatimiento y el cansancio de tantas guerras perdidas. Apareces con un regalo en tus manos y una promesa en tus labios. Promesa que he escuchado tantas veces que perdí la cuenta. Llenas todo con tu olor de nuevo y sacias mis ganas de ti. Te rindes en mis brazos y perdemos la noción del tiempo y de la vida.

Desapareces antes de que abra mis ojos. Desapareces sin que lo note, desapareces y me dejas peor que al principio. No puedo ni maldecir el momento en que te dejé entrar, porque sumando, malditos serían todos mis días. Desapareces sin razón con razones que siempre te sobran a la hora de volver.

Apareces, jurando con lágrimas en los ojos que no te volverás a marchar. Incrédulo vacilo un segundo antes de dejarte entrar, pero acaso podría dejarte ahí.

Desapareces cuando volteo la cabeza para indicarte el camino. Desapareces más rápido de lo que imagino.

Apareces para evitar que muera.

Desapareces para ahondar la herida.

Apareces porque sí.

Desapareces sin porqué


Apareces, desapareces. Eso hacen los fantasmas.

lunes, 29 de julio de 2013

Tal vez debió decir hasta nunca...

Marca en la pared, al mejor estilo de un preso aburrido, los días que han pasado desde la última vez que habló con ella. Ya no sabe exactamente por qué sigue creyendo que siente algo. Es que, de su lista de pretendientes, ya le encontró un reemplazo (o varios) y no le volvió a hablar. Pero estúpido es el corazón y más estúpido es el que cree en las cosas que no pasan.  Estúpido entre los estúpidos se levanta y recuerda cuando insaciablemente se conocían, insaciablemente se coqueteaban, insaciablemente hablaban. Recuerda las promesas de un amor secreto, de un amor furtivo, de un amor fugaz. Recuerda que solo debe quedar en el secreto de su olvido porque nadie debe saber qué hablan y cómo hablan. Debe ser que alucina, aun cuando no alucina. No está seguro de si le está escribiendo o hablando. No tiene claro si le están leyendo sus mensajes o pensando en otra cosa.

-          Hey tú, sí tú, dile al elefante rosado que está volando sobre el monitor que vuelva en cinco minutos porque vamos a hablar.
 
-          Pero, hablar de qué a ver.

-          Hablemos de todo, de lo que no pasó, de lo que no dijiste, de lo que no creí. Hablemos de lo que no entendí y de lo que nunca diste a entender.

-          Eso sería no hablar o hablar de nada.

-          Entonces hablemos de otra cosa, por ejemplo de tu película favorita, de esa serie de televisión que te encanta, de tus artistas favoritos, esos que nunca he escuchado pero que ya mismo los estoy googleando.

-          (Tararea alguna canción que suena en el fondo).

-          Y ¿qué más, cómo estuvo tu día?

-          Bien.

-          Mi día estuvo genial. Mucho trabajo pero bien. Escuché esa canción que tanto me hace pensar en ti y cuando salí estaba sonando otra vez y de nuevo pensé en ti. Antes de llegar a la casa entré al supermercado y vi esa chocolatina que tanto te gusta y pensé en ti de nuevo. Es que no te sales de mi cabeza.

-          Tiene como mucho tiempo libre para pensar cosas que no debe.

-          Pues es inevitable. Pero, cuéntame algo de tu día.

-          Me desperté, pensé en él todo el día y aquí estoy pensando en él otra vez pero un poco distraída y aburrida.

-          Ah, ok. Bueno supongo que hablamos después.

-          No, no cuelgues.

-          Pero te estoy distrayendo de tus muchas ocupaciones. (Pensar en él)

-          No, es que ahora él debe estar hablando con otra, bueno, con otras. Pero por favor no le digas a nadie, ni siquiera puedes decir que hablamos, qué van a pensar de mí.

-          Eso pasa hasta en las mejores familias, pero tranquila que yo le guardo el secretico.

-          Visto a las 11:43


Empieza a alistar todo para irse a la cama. Ya es tarde, ya no van a responder más, ya se cansó de tanta estupidez. Toma la toalla, se ducha para despejarse y refrescarse antes de dormir. Revisa el celular por última vez y recibe una copia de la conversación de tres contactos diferentes. Era un secreto bien guardado. No hay nada oculto entre el cielo y la tierra, ni siquiera el hecho de lo poco que le importa a él. Apaga la luz, cierra los ojos y sonríe. Sonríe porque será una plácida noche. Una noche en que se va a sentir libre para soñar lo que quiera. Ya no es preso de su recuerdo, ya no es reo en la cárcel del olvido. Extiende la mano hacia la pared y con la punta de los dedos borra las marcas de los días pasados. Ya no importa si fueron cinco, veinte, noventa y nueve o cien. Ajustó cuentas consigo mismo y su paz lo refleja. Puede dormir tranquilo el que nunca mintió, puede vivir tranquilo el que saludó y se despidió con el corazón. Da media vuelta y se dice a sí mismo: hasta mañana, aunque tal vez debió decir, hasta nunca.

lunes, 22 de julio de 2013

Esa guerra en la que no todo se vale...

Después de mirar su demacrado rostro por enésima vez en el espejo, Pablo, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se acomoda la camisa, se revisa el pantalón y se ajusta el cinturón. Pretende salir a entretenerse con cualquier mirada que parezca su mirada, con cualquier cabello que parezca el de ella, con cualquier espejismo que lo saque de la tortura en que vive. Sale a caminar como no tiene por costumbre, pero no tiene más opciones. Es salir a ocupar su mente en algo medianamente productivo, o quedarse y ahogarse en la almohada. Es salir a verla imaginariamente en cada lugar al que vaya o sufrir estúpidamente con un listado de canciones que le recuerden a ella. Condenado en su recuerdo vacila en cada paso, suspira con el poco aliento que le queda y pone la mejor sonrisa que tenga en el bolsillo. No tiene rumbo, no tiene compañía, no tiene corazón. No sabe cómo sigue vivo si ella desgarró su pecho y le arrancó despiadadamente el poco corazón que le quedaba. Es que le quedaba poco, porque sin que ella lo notara se lo había regalado a pedacitos.

Busca un nuevo vicio que sacie sus necesidades, ella ya no puede serlo, así que se refugia en el café. Toma taza tras taza de café hirviente con la esperanza de quemarse la lengua, de inhabilitarla para siempre, al menos tendría una razón de peso para no volverle a hablar. Alberto, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, camina y no se detiene. Camina para mantenerse a salvo, camina llenándose de razones para olvidarla. Camina porque el dínamo de su odio son sus pasos. Camina, porque como todos cuando caminamos, tenemos la cabeza puesta en otro lado y tal vez entre recuerdos y alucinaciones encuentre la fórmula perfecta de un encantamiento innecesario que le haga olvidarla. Suma decepciones, resta razones y divide sentimientos para entender, al fin, que el resultado que tanto quería a su favor, ella se lo daba a otro y que lo que ella quería de otro, insistentemente, él quería dárselo.


Entonces Pedro, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, comienza a entender que pasaran mil noches sin lunas antes de olvidarla. Comienza a despertar a la realidad. Las falacias del destino han opacado las quimeras del corazón y destruido las utopías de la imaginación. Santiago, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se rinde al instinto de supervivencia y como torero en burladero se esconde para evitar una muerte prematura. José, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, se acomoda entre los escombros que dejó el huracán de sus mentiras. Nicolás, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, prueba y comprueba que no hay prueba más dura, que creerle a una mujer de labios dulces y venenosos. Felipe, llamémoslo así para que no crean que soy yo, porque yo estoy bien, sonriente, feliz y complacido, al fin acepta que no hay peor muerte que la que llega con las mentiras de quien le roba el corazón. Yo, llámenme así para que no crean que es otro, que está bien, sonriente, feliz y complacido, reconozco que hablo en nombre de los difuntos corazones heridos en la guerra del amor. Esa guerra en la que no todo se vale.

lunes, 15 de julio de 2013

Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre

Desde que escribí “Solidaridad Masculina” he recibido muchos comentarios de mis doloridos amigos quienes se identificaron con la historia. Tanta es la represión en la que vivimos los hombres hoy en día, que muchos han tomado las riendas del asunto y han decidido empezar a escribir sus propias historias. Para la muestra “Conquista o Relación”, el texto que fue publicado en este mismo blog y que no es de mi autoría. Es que al mejor estilo de la línea de atención al maltrato masculino de los comerciales de hace unos años, nos hemos unido y estamos formando nuestra propia asociación contra los abusos de las mujeres. Sé que parece gracioso, pero es cierto. Hace unos años ellas estaban más que unidas. Se escuchaban, casi coralmente, diciendo incansablemente que los hombres eran unos perros. Pues para el asombro de muchos ahora somos nosotros, los que indignados, gritamos que todas las mujeres son unas… “¡Princesas!”. Por eso convoco a mis hermanos hombres, burlados, rumbeados, engañados, maltratados y despreciados, a que hagan parte de A.N.A.Y.A.H. la Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre. Como jefe de admisiones de dicha asociación, decidí publicar la lista de requisitos para obtener la membresía.

1.       TENER UNA TRAGA MALUCA: Quienes deseen ser parte de la A.N.A.Y.A.H. deberán tener, mínimo una relación conflictiva. Entendiéndose como relación al vínculo comunicativo que se ejerce con alguien por medio de WhatsApp, Twitter, Facebook, Llamadas y demás servicios, recíproco o no, es decir, si le responden con regularidad o lo dejan hablando solo.

2.       SER PAYASO: Este requisito no tiene nada que ver con disfrazarse, pintarse la cara y gritar: “Dónde están los papitos”. Tiene que ver con ese sentimiento confuso que se crea de la mezcla entre la frustración y la humillación. Los payasos, son esos sujetos que se encargaron de hacer mil cosas bonitas, que fueron recibidas pero al final no dieron resultados. Los payasos son los que gastaron tiempo e ideas haciendo cosas para conquistar a alguien, ese alguien le corresponde, pero en secreto tiene un vínculo “comunicativo” con otro. Si usted se entera que le dice amor a todos, déjeme decirle que es un payaso.

3.       SER DRAMÁTICO: No hay nada que le moleste más a una mujer que un hombre dramático. Pero siendo honestos, no es que uno sea dramático de verdad. Lo que sucede es que como no sienten lo mismo, cuando les expresan el 1% de lo mal que se está pasando, ellas creen que uno es un dramático. Si usted se ha visto tragándose los sentimientos y tapándolos con indiferencia es un dramático reprimido, por favor solicite el formulario de inscripción.

4.       SER ILUSO: Si se conforma con cualquier “Ola K Ase”, aunque en las últimas y próximas 24 horas no le vuelvan a hablar, usted es un iluso. Si sale corriendo a vestirse porque cree en cada vez que le dicen “veámonos” aunque desde el principio usted sabía que  lo iban a plantar, es un iluso. Si secuestra el teléfono de su casa y lo mete debajo de la almohada esperando una llamada que nunca va a llegar, es un iluso. Por favor saque cita con un psicólogo

5.       SER "AUTOFALAZ": No importa cuántas veces se mienta a usted mismo y trate de obligarse a no llamarla, no pensarla y no sentir lo que siente por ella, si termina haciéndolo es un autofalaz (Auto = uno mismo, Falacia = mentira). Si pretende ser fuerte como para hablar con ella sin derretirse, si cree que puede llamarla como un amigo, si cree que no le va a dar un infarto verla, si asume que no le van a dar celos que salude al celador del conjunto, usted se miente a sí mismo, o sea, es un autofalaz. Por favor contrate al equipo de “Cheaters” y de paso visite una clínica de reposo.

6.       SER UN STALKER: Si entendió que no tiene la habilidad del hombre invisible de no ser visto como para seguirla a todos lados y le toca estar pendiente de cada uno de sus movimientos en redes sociales, usted es un Stalker. Si pasa horas actualizando la ventana del explorador que tiene abierta con el perfil de ella para enterarse de primera mano de lo que ella publica usted es un Stalker. Si activa en su celular las notificaciones del perfil de ella, usted es un Stalker y con cien años de experiencia. Por favor descárguese una vida, es una aplicación gratuita en AppStore y Google PlayStore.

7.       CERRAR LAS REDES SOCIALES: Si nota que estúpidamente creyó que las publicaciones de ese “alguien” eran para usted, pero en realidad nunca lo fueron y se deprime tanto como para que un bloqueo no sea suficiente, lo mejor es que cierre las redes sociales. Si lo ha hecho mínimo una vez por favor consulte un psiquiatra, usted necesita medicación.

8.       VOLVERSE MUSICAL: No tiene que ser músico para volverse musical. No tiene que componerle canciones para volverse musical. Si tiene una lista de reproducción con esas canciones que hacen que la recuerde para darse palo, usted es musical. Si tiene que cambiar la radio de estación porque canción le habla de ella, usted seguramente se volvió musical. Por favor abandone el tratamiento médico, cómprese una canasta de lo que prefiera y supérelo.


No es nada complicado ingresar a la A.N.A.Y.A.H. por el contrario si se sintió identificado con alguno de los requisitos, por favor acérquese a nosotros, busque ayuda. Las tuzas no se deben pasar a solas, porque al final uno siempre resulta llamándolas e invitándolas a comer obleas, helado o a tomarse una gaseosa y como no van a aparecer porque están con alguien más, usted necesita la ayuda de sus amigos de la Asociación Nacional de Ayuda Al Hombre A.N.A.Y.A.H. 

lunes, 8 de julio de 2013

Conquista o relación

Lunes de Blog y quiero compartir este texto que un amigo me pasó para que todos ustedes lo vieran. Es como la continuación a "Solidaridad Masculina" y por eso decidí compartirlo. Disfrútenlo.


Muchas veces, escuchamos a las mujeres decir que están buscando un hombre que las enamore para poder ser felices. Que las llenen de regalos, detalles, llamadas y mil palabras bonitas que les recuerden que son unas princesas encerradas en una torre esperando un valiente caballero que las rescate. Pero, siendo honestos, es bastante contradictorio y hasta incoherente. Si están esperando que las enamoren y que las rescaten sin colocar un solo grano de arena de su parte, definitivamente, no quieren una relación ¡Quieren una conquista! Esa falsa utopía que venden las películas de época a las mujeres de hoy es lo que nos está complicando la vida a los hombres. Cuando es uno el que hace todo el trabajo, el que conquista y reconquista una y otra vez según el SPM lo requiera, déjenme decirles que están tragados solos. Si la reciprocidad de palabras, detalles y expresiones no es evidente están, digámoslo amablemente, razonando fuera del recipiente, y en una relación las cosas deben ser de ambas partes. Es dando y recibiendo. Cada quien poniendo empeño al conocer, determinar y observar a la otra persona, si es o no es, la indicada.

Por otra parte, en una conquista el hombre solo hace lo que a ella le parece. Dicho de otra manera se camufla de hombre ideal, podría ser un sapo con armadura de príncipe y ellas encantadas porque encontraron lo que querían sin darse cuenta que todo puede ser un engaño. Pero bueno, ellas mismas se lo buscan. Si no les interesa demostrar, ni conocer a la persona que tanto les demuestra y hace por ellas, debe ser por una de dos razones: les pareció bien físicamente o sus regalos y detalles sin corazón las han engañado. Y eso, suponiendo que como todos dicen, primero se debe pasar por una amistad, la pregunta es ¿qué tipo de amistad?


En mi humilde opinión y con mi no desmedida experiencia, creo que he tenido varios tipos de amistades. Y en el mejor de los casos puede que con algunas haya pasado a segunda base, pero tampoco es que segunda base sea la gran cosa, apenas medio ser correspondidos y ya.  Entonces qué manual o qué pasos debemos seguir los hombres para buscar esa mujer, no con la que solo queremos “cositas”, sino con la mujer que queremos una familia. Por supuesto dejando en claro que los hombres también buscamos cosas más allá de la belleza física. Buscamos esa mujer que sea trabajadora, honesta, ordenada, juiciosa, divertida. Tal vez mil hojas no nos alcancen para terminar la lista de lo que buscamos. Pero así sea una hoja o mil, siempre llega de nuevo mi pregunta ¿cómo hacemos? Si las invitamos a salir, las llamamos, estamos pendientes y no recibimos nada de su parte ¿Qué hacemos? ¿Nos alejamos? ¿Seguimos? ¿Tiramos una moneda al aire para decidir nuestro destino o qué? Porque siendo sincero con ustedes, he escuchado muchas veces esta frase de las mujeres: ¡es que ustedes son los hombres¡ Eso qué tiene que ver ¿que tenemos que ir al límite de comprometer nuestros corazones con todas sin saber cuál va ser o en que vamos a terminar? Por favor, así sea un indicio no nos haría daño. A nosotros también nos gustan los mensajes inesperados, las llamadas sorpresa, los sms con caritas. Si lo hacemos es porque nos gusta ¿no creen?